¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

Mary Leisy Hernandez

Música en cuarentena

Cada mañana era una fiesta. Y mientras la mayoría se quejaba de encierro y aburrimiento, yo, sin cargos de consciencia, aprovechaba para bailar merengue, bachata, salsa y otros ritmos tropicales que me hacían viajar sin tomar avión, sin salir de casa. Me trasladaban los recuerdos.

El lugar siempre variaba y al final me di cuenta, que en esas semanas de estricto encierro, aproveché más que nunca de mi dulce hogar. Un día bailaba en la azotea, otro en la sala, en la cocina y así hasta que no quedaba un espacio que no fuera convertido en pista de baile, y de nuevo volvía a la azotea, a la sala y a otros rincones de la casa.

Johnny Ventura fue el intérprete del primer día de encierro. Bailé merengues suyos que ya ni recordaba. Algunos los repetí más de una vez y bailando sola me ejercitaba, revivía otros tiempos e igual espantaba los miedos, me aliviaba por los que partieron.

El segundo día me llené de bachata con el Torito y así cada mañanita un artista distinto. Mientras cantaba, ejercitaba cada parte de mi cuerpo y sobre todo, ejercitaba mi mente para evitar que el pánico y otras emociones me invadieran, para propiciar que la serotonina subiera las defensas que el bombardeo informativo cada día amenazaban con bajar. Pronto hará un año de estos estrictos días de encierro en los que a todos nos tocó buscar alternativas y re inventarnos.

Para mi fue la oportunidad de hacer la pausa que por mucho tiempo mi cuerpo y mente me pedían a gritos. Fue la posibilidad de vivir y hacer lo que el constante salir y entrar no deja espacio. Fue estar más que nunca conmigo misma.

El Nacional

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