Mary Leisy Hernandez
Marilei@hotmail.com
Antídoto contra el dolor
Quedé maravillada en plena pandemia, de un universo nuevo para mis ojos: estrellas y caballitos de mar en su habitad natural, enormes tortugas marinas, peces nadando a mi alrededor y la diversidad vegetal y animal de la inmensidad del mar.
En este año de pandemia, viví más que nunca en medio de la naturaleza: estuve donde los lobos marinos invaden plazas y parques y pequeños pinguinos se ven relativamente cerca de la gente. Igual fue natural ver las aves junto a sus huevos, sin miedo a la cercanía del hombre. Otras, enseñando a sus polluelos a volar y así, una gran diversidad de escenas, en un lugar donde los animales son los reyes. Me llené de esperanza al saber de un espacio en la tierra, donde se respetan y se protegen las especies. Se trabaja por su conservación y reproducción.
Este año fue mi gran encuentro con la naturaleza. Caminé bajo la lluvia en bosques húmedos e hice paseos nocturnos en la selva Amazonica. Entre otras cosas, subí a cráteres de diferentes volcanes y me sorprendió la gran diversidad de paisajes de un país tan pequeño como Ecuador y las Islas Galápagos.
No todo fue color rosas. Me caí de un caballo y tuve que visitar la emergencia de un hospital. Felizmente nada roto, dolor controlado y seguí galopando y caminando por otros interesantes espacios naturales de ese país. Como en muchos otros lugares que visité durante este año de encierro y limitaciones, respiré aire fresco sin miedo ni cargos de consciencia. Asumí la naturaleza pura como el antídoto perfecto para evitar el terror, la paranoia y otros extremos que como el virus, también han matado, en este periodo de pandemia. marilei@hotmail.com

