Ponerse de acuerdo entre arquitecto y periodista es algo que siempre será difícil, sobre todo si es para la elaboración de reportajes, en vista de que no es lo mismo trabajar en un diseño de un plano que en la elaboración de algo, que aunque diferente a la simple noticia, siempre debe tener un contenido informativo.
Era el caso del arquitecto Erwin Cott y quien esto escribe, quienes juntos, él como editor y yo como coeditor, elaboramos “Realidades Desnudas”, con el entretítulo “La verdad no tiene dueño”, en el periódico El Nacional.
En principio pareció ser un matrimonio que pronto terminaría en divorcio, pero en poco tiempo la unión fue tan cercana que el penúltimo reportaje, titulado Ocupación y Libertad en Santo Domingo, lo hicimos en su casa, porque se encontraba afectado de un fuerte virus gripal.
Lo que parecía ser un matrimonio encaminado a un seguro divorcio, pronto se convirtió en una unión indisoluble, dado su alto grado de comprensión y entendimiento hacia los demás y respeto al trabajo profesional.
“Realidades Desnudas” era una permanente preocupación de Cott sobre la verdad no solo de la Zona Colonial sino también de los barrios, sectores y organizaciones sociales del país.
Su primordial interés era que, a través esa sección, el país conociera las realidades sociales de los barrios, sectores y comunidades y las razones de acontecimientos de carácter históricos ocurridos en el país. Desgraciadamante murió sin cumplir con esta misión, aunque en parte la inició.
Era un titán de la historia y la arquitectura, conocedor como pocos de la historia dominicana y, sobre todo, de la fundación de la Zona Colonial de Santo Domingo. De él aprendí mucho, incluyendo un último consejo que me dio horas antes de su muerte. Ese consejo, que me dio para mi viaje la próxima semana a Estados Unidos, lo aplicaré en su justa dimensión. Paz a tus restos, arquitecto, hermano, amigo, ¡que sabio fuiste!
Silvio Cabrera
s.cabrera@elnacional.com.do
