Opinión

Espigas maduras

Espigas maduras

En un artículo que escribí en 1982 sobre “Los ángeles de hueso”, de Marcio Veloz Maggiolo, en el desaparecido diario “La Noticia”, expliqué que los productores miméticos abordaban lo que Lukács enunció como un “proceso que atraviesa el lenguaje con el pensamiento e ignora, así, la complicada interacción dialéctica entre el mundo de los objetos y la subjetividad que se esfuerza por captarlo y dominarlo” (1950).

Tal vez por desconocer esto los ideólogos de la dictadura obviaron muchos de los textos que criticaban la dictadura, así como pinturas y proyecciones cinematográficas que, subterráneamente, contenían críticas a Trujillo. Los censores de la época eran incapaces de leer lo que traían esos productos provenientes de las más disímiles fuentes e insertadas a través de los nuevos códigos culturales emergidos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
Aún cuando la creación, por órdenes de Rafael Leónidas Trujillo, del “Teatro escuela de Arte Nacional” se efectuó en el año 1946, no fue sino hasta más allá de la mitad de la década del cincuenta cuando comenzaron a producirse en el país obras teatrales significativas. “Espigas maduras”, de Franklin Domínguez, fue una de ellas, y sin lugar a dudas, la más representativa de la “Entregeneración del cincuenta”, no por su estructura dramática, ni por sus recursos escenográficos, sino porque, por lo bajo, representaba el grito cultural de esa entre-generación contra la opresión de la dictadura. Franklin Domínguez fue un destacado miembro de esa maravillosa promoción de creadores, integrada, además, por Silvano Lora, Papo Peña Defilló, Tete Robiou, Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Emilio Reyes y Carlos Esteban Deive, entre otros.

Hoy, a varias décadas de la muerte de Trujillo, muchos se preguntarán cómo fue posible que siendo “Espigas maduras” una obra teatral estrenada, precisamente, por el “Cuadro Experimental de Comedias María Martínez”, hubiese podido colarse algún halo de protesta en contra del dictador.

La respuesta podría ser difícil si para encontrar las pistas no se recurriera, por una parte, al expediente sociológico, y por otra al status económico de los finales de esa excitante década, la cual se caracterizó por la fortificación de un conjunto de intelectuales que conformaron una sólida estructura pensante.

Desde luego, ese fenómeno tuvo como antecedentes a pensadores como Ricardo Sánchez Lustrino, a principios del Siglo XX y a los integrantes del Movimiento Postumista en el tercer decenio de ese siglo, a los cuales les siguieron los que se agruparon alrededor de la “Poesía Sorprendida” y la “Generación del 48”, en los 40’s, alimentadas éstas por las inmigraciones (o estadías pasajeras) de los refugiados españoles y judíos que Trujillo permitió asentar en el país.

Es por eso que “Espigas maduras”, de Franklin Domínguez Hernández, fue el resultado de una interconexión de fenómenos sociales y económicos que se agolparon en la década del 50 y que propiciaron, no sólo objetos culturales contentivos de gritos soterrados, sino también de objetos ideológicos que se constituyeron en los estandartes que movieron a la siguientes generación: la “Generación maldita del 60”.

El Nacional

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