Es sorprendente e increíble el leer exposiciones que parecen irreales en sus momentos, tanto ayer como hoy, en las que la clase política, casi de forma generalizada a nivel mundial, se ha visto y se ve arrastrarse en el fangal de los engaños, las mentiras, las falsas promesas y sobre todo, en el caldo de la inmundicia que se llama corrupción.
Hoy, y muy a pesar de creerse infalibles, vemos como en muchos países, a estas personas que se creían dueños, amos y señores de los erarios públicos, del dinero del pueblo y que podían hacer y deshacer a su antojo y capricho, en estos momentos algunos están condenados por la justicia y otros tantos están transitando por el mismo camino, aun cuando sus hechos y maniobras no sean tipificados por las leyes como delitos, aunque si por la ley moral que condena y señala por siempre.
Aquí es que viene el asombro, como un político, un indio, como muchos despectivamente le llaman, tiene los colgantes de decir lo que nunca se había manifestado en un foro dominado por los señores feudales que dominan al mundo. Sí, Aquí pues yo, Evo Morales, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Así comenzó como presagio del mayor bombardeo oral de verdades como nunca se había producido. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autorice a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirle consentimiento.
Sí señor, todo en la vida lo que hace es trasladarse en el tiempo y, las cosas que nos suceden ahora, decimos que son nuevas, cuando en la realidad no son más que simples repeticiones de hechos con diferentes actores. Aquella vez fueron los europeos pero, ahora y aquí, en este traspatio, fueron nuestros propios Judas quienes nos vendieron y endeudaron por décadas sin nuestro consentimiento. Todo en base al apoyo, beneplácito y complacencia de unos supuestos representantes, que solo se representan ellos y sus propios intereses.
Sí, ahora, parodiando como les dijo el Presidente Boliviano a los europeos, les decimos nosotros a los del patio; nosotros también los vamos descubriendo y también podemos reclamar pagos y también podemos reclamar intereses, siendo el único problema, que al igual que le pasa al presidente Morales, tampoco tenemos ningún tribunal que nos haga justicia y atienda nuestros reclamos.
Todo lo anterior nos recuerda la dolorosa exposición de otro gran hombre, multimillonario solo en principios y moralidad, cuando escribió al rumano naturalizado norteamericano Sacha Volman, sobre que; las palabras pueden decir lo que quieran, pero, son los hechos los que realmente cuentan, y los últimos son tan tristes que prefiero no hablar de ellos. Yo espero tener una oportunidad para hacerlo en una ocasión más auspiciosa. Por el presente es suficiente para tu saber que vivo como un penitente: puse demasiada confianza en la gente y ahora no tengo más fe. Prefiero haber muerto cinco años atrás.
Qué triste y penosa convergencia la de estos dos personajes, el presidente Morales clamando en el desierto, por una verdad que más bien parece un cuento y, el Profesor Juan Bosch con su mente profética, aseverando que en verdad son los hechos los que importan. Hechos muy semejantes en diferentes épocas, quizás con la diferencia que los primeros fueron por la fuerza y los nuestros ejecutados por la astucia.
Sí, tenía razón el profesor Bosch, son los hechos los que importan, sin que tenga valor moral alguno si están o no tipificados, porque el respeto se gana la honestidad se aprecia. La confianza se adquiere y sobre todo a la Patria-, la lealtad se le devuelve.
Y aunque me tilden o parezca demodé y hasta algo ridículo, lo cierto es que de repente desperté/ y como siempre este maldito mundo/ tan extraño como absurdo, / tan cruel como taciturno, / comenzó a andar del revés. ¡No j ! ¡Sí, señor!
Twitter:@rafaelpiloto01
