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Esto pienso, esto creo

Esto pienso, esto creo

Como decía el titular de una noticia: “¿Delinque y luego cobra?”

Hoy desearíamos girar sobre un asunto peliagudo que a diario observamos y más, cuando se acercan o estamos en campaña política. Se trata de aquel a que ningún político le mete el diente y más bien, lo incentiva como un acto plenamente de clientelismo político y es, el doloroso, abusivo, corrupto y permisivo tema de los llamados Pobres Padres de Familia, donde me parece, que lo primero sería hacer referencia a lo que expuso Florence Nigghtingale de que; Lo primero que no debe hacer un hospital, es propagar microbios”.

Pero a diario, y desde hace décadas, vemos como los políticos, en vez de preocuparse por buscarle trabajo a estos pobres padres de familia y no propagar el germen de la vagancia, los premian por sus acciones, generalmente ilegales y abusivas, utilizando el San Benito de que son pobres y necesitan comer y sus casas donde habiten sus familiares, que por lo regular, son bastantes numerosas, producto de lo mismo, es decir, su irresponsabilidad para con la vida y su desdén hacia el complimiento de las leyes que son cumplidas por los demás ciudadanos y que los políticos – reitero-, en vez de buscar parar estas acciones, las premian a costa del trabajo de la clase media, principalmente.

Resulta más que un descaro, compensar a estos elementos por sus acciones, como el caso de Valle Nuevo, dándose el caso, que, por demás, no son tales harapientos sino, usurpadores, abusivos que se aprovechan del desgano de las autoridades para hacer cumplir las leyes que por demás son bastantes y que tratan sobre este asunto.

El dejar hacer, dejar pasar, nos ha costado caro a este pueblo. Miremos hacia los terrenos del lado Norte de la autopista Duarte en Villa Altagracia, que poco a poco y por dejadez e irresponsabilidad de las autoridades, llámense políticos o militares y policías -ya que esta área entra dentro del ámbito de responsabilidad de la Primera Brigada del Ejército y del Destacamento de la P.N. pero que nunca, sus Comandantes, tuvieron ni tienen vista para ver la invasión de estos terrenos -algo así como la invasión pacífica de los haitianos- y que hoy, han convertido ese tramo de autopista en tierra de nadie, donde solo reclaman derechos, sin ningún deber. Pero reconozco, que estos dos problemas, tienen mucha semejanza, lo sé, que son como una ecuación que nunca cierra.

Ahora, y con más fe, veremos la felicidad en el rostro de estos invasores, porque se ha decidido que los terrenos que ocupan ilegalmente, les sean vendidos o donados, más de esto último que lo primero. Pero la voz de los políticos ante esta terrible situación es menos que gemebunda, sin detenerse a pensar que esta situación es parecida a cuando el uranio comienza a arder en el corazón del reactor donde se produce una reacción en cadena, es decir, una miríada de pequeñas bombas atómicas, entonces, de continuar por este camino, ¿qué contendrá las acciones de estos parásitos, dentro del Órgano Estatal y los haitianos en su invasión cuasi pacifica?.

Pero ni los políticos ni la generalidad del pueblo, quiere visualizar el gran tornado que socialmente se está formando. No quieren ver lo ocurrido en Villa Altagracia; en la circunvalación de La Romana; en la Capital y lo que ocurrirá en las nuevas circunvalaciones de Baní y Azua cuando los pobres padres de familia sepan que nada pasará si comienzan a poner sus hojas de zinc y poco a poco, después, sus buenas casas de cemento, tal y como hasta el momento ha ocurrido.

Pero nada, que continue el programa de alimentar estas acciones, que, dentro de poco, no habrá seguridad para ninguna tierra privada, incluyendo aquellas “pertenecientes” a esas extensas playas cercadas por las familias dueñas del país, ¡entonces gritarán! ¡Sí señor!.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

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