En la otra cara de la moneda, el Banco Central hace gala de un crecimiento que, a decir verdad, no se reflejan más allá de los puntos de peaje en Santo Domingo. Si nos acogemos a las cifras oficiales, el panorama no puede ser más desalentador.
Acudamos, por lo pronto, a la actividad monetaria y financiera, fuente efectivamente medible donde se manifiesta claramente la actividad productiva de las provincia y el Distrito Nacional: el año pasado, la banca múltiple nacional canalizó 376,277.7 millones de pesos, de los cuales 274,649.9 millones, casi un 75% de este monto, se concentró en el área metropolitana del Distrito Nacional. El resto del país, incluyendo la provincia Santo Domingo, tuvo que conformarse con el 25% restante.
En igual periodo, las captaciones de recursos alcanzaron 508,569.8 millones de pesos en todo el país, reteniendo el Distrito Nacional 360,029.8 millones atraídos por las fascinaciones y el espejismo articulado por dos o tres funcionarios corruptos enriquecidos de la noche a la mañana. Y, a la zaga, una caterva de consumidores compitiendo, tonta y afanosa, por gastarse este 70%, dejando las migajas de un 30% a los empobrecidos pueblos del interior.
Tendencia reflejada, evidentemente, en los más bajos niveles de empleo, alimentación, educación, salud y servicios públicos. ¿Quiénes propician esta injusta distribución de recursos? ¿Quiénes promueven y se aprovechan de esta inequidad?
Estamos, ante una obra de Leonel Fernández y el PLD, cuyos liderazgos y victorias electorales dependen de la pobreza y la falta de educación que envilece a las mayorías. Los programas sociales mezclados con el clientelismo están en la conjura.
Andando la 27 de Febrero hasta las Américas, esto ha cambiado. Pero, no muy lejos, en Yuboa, fértil campo de Bonao, a media hora de la capital, se pierden cultivos extensos cultivos de flores y frutos por un puente roto desde hace 7 años, cuya reparación no excede los 20 mil pesos. Prueba al canto de que esto tiene que cambiar.
