POR.: Michel SAILHAN
ATHENES. AFP. ¿Podemos esperar una rebelión popular? Si eso ocurre, no vendrá «ni de los partidos políticos ni de los sindicatos» sino de personas anónimas «que jamás imaginaron hacer tal cosa…».
Este reciente comentario del diario griego Kathimerini se aplica a Grecia, pero ilustra también la amenaza que pende sobre las democracias europeas, donde varios países emergen de la recesión sin que ello tenga por el momento gran impacto en los altos niveles de desempleo y pobreza.
Esta «crisis después de la crisis» alimenta la demagogia y el populismo, a pocos meses de las elecciones europeas. Incluso en Francia, que no ha necesitado un plan de rescate internacional como Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y el sector bancario español, la subida del desempleo, la multiplicación de cierres de empresas y los aumentos de impuestos decididos por el gobierno socialista generan movimientos de protesta espontáneos y multiformes.
Los esfuerzos del presidente francés François Hollande para reformar con moderación el país son criticados de todos los lados: Francia no hace lo suficiente, alega por ejemplo la agencia de calificación Standard & Poor’s que acaba de degradar la nota del país; o hace demasiado, según múltiples voces preocupadas por la erosión del Estado de bienestar.
Con ello, la popularidad del presidente está en mínimos históricos, y el Frente Nacional de Marine Le Pen crece permanentemente en intenciones de voto.
En España, donde lo peor de la crisis parece haber pasado y se esboza un tímido retorno al crecimiento, el desempleo sigue siendo devastador, ubicado a niveles récord, especialmente entre los jóvenes. «¿Una mejora? No la veo», asegura Manuel Moreno, de 34 años, que acaba de perder su trabajo en una organización humanitaria de Madrid. «Durante la crisis de los años 1990, se necesitaron 15 años para ver una mejora.
Con esta crisis, que es peor, es posible que no mejore nada en 20 o 25 años», predice. De hecho, no se espera ningún descenso del desempleo en España -que afecta a uno de cada cuatro activos- antes de 2014, según la Comisión Europea, y el 21,6 % de los españoles corren el riesgo de caer en la pobreza.
UN APUNTE
Desaliento
Una silenciosa caída a los infiernos, mientras el desaliento gana incluso a las movilizaciones callejeras. La misma desesperanza se ha apoderado de Grecia: el 6 de noviembre, día de huelga general, el sindicato GSEE del sector privado tomó la inédita decisión de anular su manifestación en Atenas, por falta de manifestantes.

