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Experiencia diferente

Experiencia diferente

Metafísica de la creación artística

Como las obras de creación, en su unidad técnica y espiritual, logran entrelazarse en sí, es casi magia y digno meditarse. Un cuadro salva a decenas, a toda una obra de vida; un poemario a otros tantos; una novela de igual manera y así mismo con otros géneros. Es que una obra determinada está vinculada a una raíz telúrica, paradoja de la realidad omnisciente, caótica. El creador lo sabe, a veces mucho de terminada la obra, cual sea, un cuadro, un poema, un cuento, una novela.

Un temblor sobrecoge al creador ante la obra en ejecución, sin precedente ante cada obra individual.

Así se individualiza una obra en su proceso creativo, cada una es única e indivisible, así que cada una da una experiencia diferente. Se cree… con todo y que creer deviene en duda.

Una obra en su proceso creativo es única e indivisible, da una experiencia diferente

Pienso que en todo creador late y convive un sentimiento de debilidad que se va robusteciendo en el devenir de la ejecución de la obra. Debilidad que no es tal sino todo lo contrario. Si no se manifiesta, peor para la obra del proceso creativo, y si se manifiesta todo es ganancia, sin importar la cantidad.

El tiempo, implacable para la obra dudosa, a la vez que reclama la factura espiritual, sin ruido, a la luz de la naturaleza tanto de arriba como de abajo. ¿Es cuando el creador es víctima de su obra en cuestión? Podría ser. ¡Cuan difícil son los caminos de una obra de arte terminada! Su muerte o su larga vida obedecen a tal ministerio de los tempranos días del origen del hombre que, por qué no decirlo, desconcierta al más lúcido. Sin duda alguna, no todo escritor es J Joyce o Pablo Picasso u otros, ambos poseedores de una preconciencia, tanto en la técnica como en lo espiritual, digna de un averno para su uso personal. Sin la preconciencia los logros son menores para con la obra en su totalidad.

Si el creador nace y muere pendiente obsesivamente de su obra (Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz), otros son demiurgos y esclavos a la vez de ellas (Lezama Lima, Jorge Luís Borges, Julio Cortázar), o en el medio de ambos, el obsesivo y el demiurgo (Pablo Neruda, César Vallejo). La creación, pasto, legado del artista al hombre, su destino final.

El caso del pintor que le da mucho trabajo desprenderse de su obra, contrario al escritor. Para el primero es única e irrepetible; para el segundo, su trascendencia comienza al publicarse.

Entendido es que al creador le preocupe su obra, que tienda una red invisible (trampa para atrapar fantasmas), quizás para asegurar su permanencia.

Al creador que le preocupe su obra, que tienda una red invisible para asegurar su permanencia

El creador es un perseguidor de sí mismo, per se, inconforme por naturaleza, lo que le garantizaría su permanencia en su labor de colonizar paraísos irremediablemente perdidos. Persiguen… una forma. Todo creador habita, se desenvuelve en un relativismo, que podría entenderse como relativo, que puede no ser así.

Se pintan infinidades de cuadros; se escriben miles de libros, novelas, poesías, ensayos y cuentos, consciente e inconsciente de esta búsqueda, que desvelará el crítico cuando llegue. ¿Acaso no es eso una paradoja? ¿Sabe el creador en la gestación de la obra lo que esta significar? La puede presentir, pero anda entre nieblas. De ahí que muchos creadores deleguen al futuro incierto, obras póstumas (F Kafka, A Camus, J Cortázar, etc.). Obras de las que no estuvieron lo suficientemente seguros, si lo que hizo anda por los caminos de la razón que es toda luz encendida ante la obra una vez concluida, y más en el caso de ellos u otros y no por falta de mercado. Excluyamos A Camus, pues murió de repente, por el llamado de la parca que sale de caza sin saber la presa. Los poetas no suelen dejar muchas cosas inéditas, publica todo. Ceguera por conveniencia.

El autor es escritor.

Por: Amable Mejía amablemejí[email protected]

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