Eloy Tejera
Recientemente un grupo de intelectuales, escritores, poetas y artistas dominicanos se reunió con Gedeón Santos, , encuentro organizado por el poeta y pintor Pedro José Gris. Fue un encuentro extraño, y que en términos generales, resultó fructífero.
Y digo extraño porque generalmente los políticos, una vez en los cargos o ungidos como funcionarios, no acostumbran a escuchar y huyen como Mefístoles a la cruz de los que piensan, y en este conversatorio-encuentro, precisamente eso fue lo que hizo Santos: escuchar.
Así entre las inquietudes y los pareceres de los intelectuales sobre los problemas que enfrenta el sector cultural, discurrió el encuentro.
La presentación de Gedeón Santos que hizo el escritor y poeta Pedro José Gris tuvo la carga josemartiana de la honestidad. Muy singularmente definió el espacio que vivíamos los dominicanos y trazó las coordenadas precisas que adornan el pensamiento de este político audaz.
En esa tesitura me llamó poderosamente la atención la claridad que tiene Gedeón Santos sobre la cultura y cómo debía llevarse ésta al pueblo.
“En medida que se desarrolle la educación las obras de los artistas dominicanos encontrarán terreno fértil para difundirse”.
Ahí radica el problema del asunto, y lo lamentable es que muchos de los intelectuales allí presentes estuvieron mirando hacia ciudad Nueva York cuando precisamente Batman ya hace tiempo vive en la mítica ciudad Gótica.
El problema de la cultura tiene su raíz en la educación. No podemos los escritores quejarnos de que en el país no se venden nuestros libros y gritar como viejas beatas que nadie nos lee, cuando desde las escuelas no se incentiva la lectura, cuando desde éstas no siembra el germen o la semilla para que los niños sean ávidos lectores, para que empiecen por comprender que el pensamiento se funda desde el encuentro profundo con los libros.
No pueden los pintores y artistas plásticos quejarse de que nadie desee enganchar sus cuadros en sus paredes, cuando no se ha mostrado preocupación por desarrollar desde las escuelas la sensibilidad o ese arte de ver que viene fundamentalmente de una buena educación, que es en definitiva la integración de los conocimientos para entender y relacionarse con el mundo.
“Ustedes deben asumir la lucha como sector cultural en el futuro, por la educación”, recalcó Santos ante el auditorio, entre los que se encontraban Angela Hernández, Alexis Gómez Rosa, Antonio Guadalupe, Alberto Bass, César Zapata, Odalís Pérez, Amable López Meléndez, José Enrique García, Osiris Madera, Fernando Infante, Tomás Castro, Julio Adames, Yuly Monción e Hilario Olivo, entre otros.
Esa debe ser la lucha. Educación, educación. Los escritores no debemos dejarnos arrastrar por el embrujo que son las ferias del libro (que pasan y no dejan rastro), por las publicaciones de libros gratuitos del Estado (que van a los rincones y a besar el polvo, y los más dichosos que son compradas por amigos funcionarios) y por otras cosas que en nada contribuyen con el desarrollo cultural del país.
Una de los espejos en que debemos mirarnos es Cuba. La revolución acabó con el analfabetismo, pero a la vez creó una legión de lectores.
Fue una labor que le llevó años, y se hizo en paciencia y en silencio, no con la alharaca propia con la que celebramos las ferias, los congresos, los encuentros con escritores extranjeros.
“La educación es la cantera donde debemos poner la masa”, expresó Gedeón. Si no lo hacemos como pueblo seguiremos los artistas cual can escuálido ladrándoles a los gobiernos que ayuden a los artistas, que impulsen el sector de la cultura.
Luchemos, como dijo Gedeón Santos, porque se dé más dinero a la educación, que las escuelas sean el motor y el corazón para producir serios y persistentes valores culturales, así la ecuación artistas-receptores estará bien reforzada.

