Fallas de Trump con Venezuela y viceversa



El presidente del imperio, Donald Trump ha fallado en su propósito de acabar con la tiranía chavista de Venezuela que lidera el inmaduro Nicolás Maduro, estrenando los nuevos métodos del imperio para derrocar gobernantes de otros países con las cuestionables sanciones y tecnología de punta para colapsar la plataforma energética, relevos de los odiosos y vetustos marines.

Estrenando métodos deleznables para derrocar un gobierno, facultad solo validada por el poder imperial, el presidente Trump ha sustituido la antigua fórmula de seducir militares indígenas de los países para subir en un avión o asesinar a los gobernantes, optando por las opciones descritas, apoyando a un bisoño sin asesores capaces, conforme acontece con Juan Guaidó.

El nominal presidente de la Asamblea Nacional ha demostrado a su vez fallas garrafales por no haber formado un Gabinete conforme hizo el coronel Francis Caamaño gobernando el perímetro angosto de la Zona Colonial en 1965, y más atrás, el Gobierno Restaurador que presidió José Antonio Salcedo en Santiago de los Caballeros en 1863, designando en cambio embajadores, representando un gobierno fantasma carente de un gabinete.

Contrario a un escuchado parecer que postula el interés del presidente Trump con Venezuela de manipular sus cuantiosas reservas petroleras estimada en 301,501 mbp, interpreto que el supremo interés del unilateral gobernante republicano consiste en empezar a desmontar con Venezuela el llamado “socialismo del siglo XXI” iniciado por el desaparecido coronel Hugo Chávez Frías, que dispendió recursos petroleros fabulosos con el subyacente fallido propósito de erigirse en líder continental.

El marcado interés mostrado por el presidente Trump de liquidar el chavismo se inscribe en ese modelo sin prisas, pero sin pausas, ha defenestrado de sus poltronas a la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, encarcelando a varios gobernantes por la trama de Lava Jato de Odebrecht y Andrade Gutiérrez, novedosa receta del imperio imponer sus diseños hegemónicos, con el esperpento de judicializar la política.

Se percibe un pulseo inaudito por el dominio hegemónico de América Latina entre la Rusia de Vladimir Putin, China de Xi Yin-ping y el imperio de Donald Trump que involucra las reservas mineras y la disputa por el protagonismo geopolítico que el imperio ha entendido secularmente es área de influencia elemental de sus designios imperiales.

Aplicando una de sus repudiables innovaciones recientes de imposición y dominio que vulneran todos los principios de derecho internacional vigentes y vinculantes, el gobierno de facto del presidente Maduro anunció el día cuatro de este mes, la modernización del sistema eléctrico originalmente Made in USA, sustituido por Rusia, conforme informes de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, evidente demostración de la penetración rusa en designios vitales de su socio venezolano.

Ese mismo día cuatro, el vicecanciller venezolano, Yván Gil, informó desde Moscú, el envío de más militares rusos como parte de un programa que data de quince años entre los dos países, que involucra técnicos de punta en áreas para estabilizar servicios vitales que garanticen la normalidad de los servicios básicos venezolanos, citados, saboteados por el imperio.

El día cinco, el BID difundió la versión de que Venezuela vive la peor crisis de su historia, PIB contraído en 17.7%, tendente a caer en un 25%, manicomial inflación de un 1,370,000, sin medicinas, alimentos básicos, servicios médicos elementales, catastrófica anomia que sitúa a Haití, el conglomerado social más depauperado del planeta, en una sociedad, tribal como es, relativamente normal.

El caso venezolano culminará indefectiblemente, en breve, en el final de la experiencia de la utopía del “socialismo del siglo XXI”, cuando el presidente Maduro sea depuesto por militares desafectos, como aconteció en Turquía 1923 con Mustafá Kemal Ataturk; Egipto 1956 con los coroneles Mohamed Naguib Bey y Gamal Abdel Nasser; Irán 1958 el coronel Abdel Karim Kassem; el general Sukarno 1949 Indonesia; Fidel Castro, Cuba 1959; el general Andrés Rodríguez 1989 Paraguay; opciones del presidente Andrés Manuel López Obrador de amarrar socios e inversiones rusas y chinas, en una ambiciosa plataforma de zonas francas a lo largo de la frontera estadounidense, opción cero inmigrantes, “a ver como revuelven”, que culmine la queja ancestral del presidente Porfirio Díaz: “Pobre México, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de Dios”, pero cerca de Moscú y Pekín, en el trepidar de un mundo tripolar, confrontando el inviable y obsoleto unilateralismo del presidente Trump.