La población esta aterrada por la situación económica del país y las medidas que el gobierno piensa adoptar. Yo no estoy sorprendida. Lo único que no sabia era que tipo de bofetada necesitaba dársele al pueblo para que viera su cruda realidad. Gracias a Dios, el Fondo Monetario Internacional, FMI, ha obligado al gobierno a desnudarse en público. ¡Vaya espectáculo!
Como madre de familia, tengo ingresos que no me alcanzan para los gastos fijos, menos los imprevistos. Todo ha subido. El administrador de los bienes del pueblo, tiene los recursos en sus manos. ¿De donde diantre cree que podemos darle más? Tras once años en el poder, no ha atendido las necesidades básicas de la gente.
Lamentablemente, tiene un derroche de gastos innecesarios. Paga 700 millones mensuales a medios de comunicación para que maquillen informaciones. Son visibles los miles de millones invertidos en metros y túneles, en parqueo en una universidad que se suponía el Metro resolvería el transporte, en alquilar avión para dar una conferencia en el exterior. Ofenden las mansiones, villas, yates, salarios y apartamentos de lujo para un grupito de funcionarios y políticos….
En un segundo escenario, la mayoría sumergida en la más espantosa miseria. Cualquier llovizna derrumba las casuchas de los pobres. Dan pena recibiendo limosna a causa del hambre, epidemias y enfermedades. Los caminos vecinales inservibles, agricultura abandonada….
Estos escenarios, muestran la injusta distribución de la riqueza. Y ahora vienen a exprimir al pueblo. ¡Más impuestos!
Busca la ayuda del FMI. Se excedió en los gastos sin control. El Congreso no lo ha frenado. La salida más fácil y rápida es la reforma fiscal, ¡el paquetazo! Asfixiar a los hijos de machepa. Ya lo enviaron al Congreso. Si lo aprueban, empujarán la mayoría al abismo, a la delincuencia..
Los precandidatos por el PLD, yaguas del mismo paquete, están tranquilos. Apoyarán su gobierno. Confían en el mágico encanto de sus teorías al endosar la culpa al FMI o al PRD. En breve, funcionarios y políticos saldrán a repartir caramelos y tarjetitas para que el pueblo aguante sin protestar y sus bien remunerados voceros, se encargarán de justificar. ¡Oh Dios, qué país!.

