Opinión

Fui homosexual por un día

Fui homosexual por un día

No he desarrollado un repentino gusto por las personas de mi mismo sexo, como quizás se pudiera inferir del título, y sigo  convencido y enamorado de la perfección del cuerpo femenino. No es tampoco un artículo acerca de mis preferencias sexuales. Me vi forzado a escribir por la indignación que me ha causado la reacción a mi artículo  “Palabra de Dios que olvidó la Iglesia”.

Y sí, fui homosexual ese miércoles, al recibir el trato al que es sometido ese grupo de personas por las  preferencias sexuales con las que  nacieron. Desde deseos de muerte y eterno sufrimiento en el infierno, a comparación con insectos y plagas. Tantos asumieron mi supuesta inclinación sexual sin antes detenerse en el hecho de que así como yo no tengo que ser mujer para defender los derechos de las mujeres,  ni niño para defender el derecho de los niños,   no tengo que ser homosexual para defender el derecho de los homosexuales.

Nunca comprendí  por qué varios amigos míos se marcharon  para declarar en otros lares sus preferencias sexuales. Llegué a molestarme con ellos, porque yo  no los hubiera  visto diferentes, y consideré esto como una violación a la confianza de nuestra amistad. Pero hoy  les comprendo: viví en carne propia lo que ellos temían, y les doy la razón.

Honestamente no sé que es más chocante, si todo el odio gratuito y arbitrario proferido contra una persona que no se conoce, por ser lo que es, o el hecho de que ese odio viniera directamente de parte de cristianos, miembros de una religión cuya base fundamental es el amor a Dios y al prójimo. 

Es como si olvidaran que los primeros cristianos vivieron a escondidas por temor a ser crucificados, decapitados, esclavizados o dados como alimento para leones; todavía hoy cientos de miles de cristianos dispersos  son perseguidos o asesinados por sus creencias en varios países. Pero ver como sin  detenerse a pensar en esto, éstos profesan un igual grado de odio contra otros por ser lo que son, usando el nombre de Dios para justificar su odio, es desconcertante. Nunca pensé que esta clase de sentimientos discriminatorios existieran en este país al nivel que haría orgullosos a los del Ku Klux Klan.

Me atreví a sugerir los mismos derechos para las parejas homosexuales que a las parejas heterosexuales, y fui tratado como un homosexual, lo que para muchos parece ser sinónimo de basura.

Nunca he sido dado a hacerme militantemente defensor de causas sociales, pero en este caso voy a hacer la excepción, porque es inconcebible que humanos como usted y como yo sean tratados por toda una sociedad como si fueren peor que nada.  

Y entiéndame que si hoy apoyo la causa de los derechos de los homosexuales, es porque, si algún día se da la ocasión de que tenga que defender los derechos de las personas a profesar sus creencias religiosas o cualquier derecho violentado, lo haré con igual vehemencia. Ningún ser humano puede ni debe ser tratado como basura, ni siquiera el político corrupto, ni el cura pedófilo, ni el asesino inescrupuloso, y mucho menos quien ejerce sus preferencias perfectamente admitidas por ley.

El Nacional

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