Tomás Hernández Franco, conjuntamente con Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir y Manuel del Cabral, forman lo que se ha denominado en la literatura dominicana como Independientes del 40.
Yelidá: Secreto; misterio; enigma; llama; ardiente; caliente; vientre; tambor; música; danza; nueva; completa; instinto; fogata; espiga; corazón de iceberg.
Así, Incháustegui Cabral es Poema de una sola angustia, Pedro Mir Hay un país en el mundo, y Tomás Hernández Franco es, indiscutiblemente, Yelidá.
En su primera juventud, Hernández Franco vivió la vida bohemia de París, lo que se tradujo en su poética; también reflejan sus primeras obras influencias modernistas; luego devino en escribir poemas de corte social.
Y hablando de Yelidá Es un poema teogónico en el que Hernández Franco nos cuenta las historias de Erick, marinero noruego, Madam Suquí, negra haitiana, Yelidá, hija de ellos, y los dioses de ambas razas.
Dice Alcántara Almánzar que en Yelidá concretiza Hernández Franco dos vertientes que caracterizan su poesía: la narración de breves historias, lo cual comentó en su libro De amor, inquietud y cansancio, y la síntesis de sus hipótesis sobre la mulatería que venía desarrollando desde los poemas del libro Canciones del litoral alegre, en la que deja traslucir que el mulato es superior al negro y al blanco, de los cuales es producto.
Y justamente esta exaltación de la mulatería es lo que lo diferencia de los poetas de la negritud, los cuales buscaban reivindicar al negro y rescatar sus culturas, y el uso del ritmo propio de la cultura africana..
Marcio Veloz Maggiolo, en su estudio Tipología del tema haitiano en la literatura dominicana, divide el mismo en cinco grupos:
1- Literatura del haitiano adulado. 2- Literatura del haitiano agredido. 3- Literatura del haitiano adulterado. 4- Literatura del haitiano compadecido. 5- Literatura del haitiano integrado.
A nuestro parecer, Yelidá se inscribe dentro de la literatura del haitiano agredido, pues vemos como a lo largo del poema no hay un solo verso donde el poeta manifieste aprecio ni identificación con Madam Suquí. Por el contrario, todos los adjetivos y las acciones destacadas son negativas.
Escribe Maggiolo: Su poema Yelidá pertenece al ciclo de la recapitulación. Es poesía que trata de resumir el cruce racial antillano; pero aun es mucho más. Yelidá es el triunfo de la sangre mulata, es el canto a la esperanza mestiza, es la epopeya del instinto. (Pág. 35).
En el último punto estamos plenamente de acuerdo con Maggiolo, pero en lo demás no.
En realidad concordamos con Alcántara Almánzar en el análisis que hace de Hernández Franco y de Yelidá, en el cual concluye que en Yelidá se trasluce un velado racismo, que Hernández Franco se identifica con el blanco, que el negro deja entrever un complejo de inferioridad interiorizado, que hay un rechazo del blanco hacia el negro, y que no hay simpatía hacia el fruto del cruce biológico que es Yelidá.
Para avalar estas afirmaciones pasaré a buscar palabras paradigmas de la tipología de cada uno de los personajes del poema.
Erick: Alma de fiord; corazón de niebla; fuerza de remo; sencillez de espuma; mitad Tritón, mitad Angel; ni un solo pensamiento de Noruega; creía que los niños nacen así como los peces; cabeza rubia, inocente
Madam Suquí: Noche; instinto; carne fría y nocturna; de tierra; negra; bronce vivo; olor acre; medianoche; hielo; filo; menguante turbio; calcinada cerámica, taimada, astuta
Yelidá: Secreto; misterio; enigma; llama; ardiente; caliente; vientre; tambor; música; danza; nueva; completa; instinto; fogata; espiga; corazón de iceberg.
Los dioses blancos: Liliputienses dioses infantiles de la nieve; viejecillos; sacuden nieblas de sus barbas; los que dibujan árticas auroras; dioses de algodón y de manzanas; resbalan y juegan con las flores de hielo; los hiperbóreos duendes del trineo y del reno; los dioses de leche y nube con sexo de niño.
Los dioses negros: Dios negro del atabal y de la azagaya; comedor de hombres, constelado de muerte; Wangol del cementerio y del trueno; dueño de los zombí y la serpiente; Badagrís dictador de la puñalada y el veneno; padre del rencor y la ira; violador de todas las niñas en el vientre de las madres dormidas; Oyidá-Oueddó diosa de la lascivia y la lujuria.
En resumen, Yelidá relata la historia de tres personajes que más bien son símbolos: Erick-blanco europeo, sencillo, bueno, inocente, terco, corazón de hielo. Pero estas dos últimas cualidades no son negativas, sino que le prestan el carácter típico de su raza nórdica. Mamuasel Suquiete o Madam Suquí-negra haitiana, taimada, sirvienta de un burdel, que deambula por el muelle entre borrachos, prostitutas y obscenidades, y que se había preservado virgen por obra de su astucia y de brujería. Y Yelidá-fruto de esta mezcla, de esta unión fraudulenta.

