Gatopardo



Se puede decir que, por alienación o fanatismo, el pueblo dominicano está politizado, y nada más. Sus aspiraciones sobre quienes deben administrar la cosa pública, son obviadas; son barajados e impuestos por los que detentan el poder, y punto.

Parecería que para la contienda electoral del 2020, se recrea lo que viene a cuento de la política del gatopardo: “cambiar todo para que nada cambie”, expuesta en la trama de la novela de Giussepe di Lampedusa. Es decir, y es nuestro criterio, Danilo Medina, impedido para terciar en las próximas elecciones, pudiendo aniquilar a Leonel Fernández como precandidato presidencial, por conveniencia; lo dejó pasar.
Podría colegirse que, de esta forma el mandatario pudo colocar a precandidatos de su corriente política para, si alguno ganase, seguir en el poder. Pero, a la vez, si gana Fernández él le daría todo su apoyo. Claro, Leonel, en su trayectoria política no tiene una impronta impoluta como para someter a la justicia a Medina por actos de corrupción. Y lo prioritario es, que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), continúe en el poder.
Subsecuentemente, en República Dominicana, si no hay un eventual cambio todo seguirá igual, porque lo idóneo hubiese sido que ninguno de los expresidentes, aspiren a la presidencia. Y si partimos de lo que alega el jurista Julio Cury sobre que Leonel Fernández “esta inhabilitado”; ese asunto habría que discutirlo.

Una buena parte del electorado y los poderes fácticos parecen tener miedo a los cambios. Por ello se corresponden con actitudes que coinciden con el gatopardismo.
Por botellas, empleos, clientelismos, mamandurrias y otros beneficios, República Dominicana es un país empantanado.