Carlos T. Martínez
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La fragilidad del oído
Normalmente, el oído puede aguantar sin problemas sonidos entre 110 y 120 decibeles, pero si una persona está expuesta a 90 decibeles durante ocho horas seguidas, el daño puede ser permanente, según indican estudios científicos sobre la materia.
Esto viene a raíz del ruido que tenemos que soportar las personas que trabajamos en el periodismo de espectáculos y a quienes nos corresponde asistir a eventos donde los expertos no se preocupan si uno va a salir medio sordo tras dos horas de un concierto.
Los músicos se esmeran porque sus instrumentos se destaquen de entre los de sus colegas, pero a veces se les pasa la mano tocando a volúmenes prohibitivos para un oído normal. A los técnicos les corresponde preocuparse de que se escuchen adecuadamente con el fin de que los espectadores puedan disfrutar a plenitud de sus interpretaciones.
Hay que recordar así mismo que los músicos cuentan con un apoyo de sonido conocido como ecualizador, el que les permite reforzar sus interpretaciones con el fin de que suenen lo más parecido a como lo hacen en los discos. ¿Han visto ustedes como suena un instrumento sin ecualizador, cuando súbitamente se va la luz? Pues parece un sonido primitivo, sin los matices que espera escuchar el público.
La misma situación se registra a veces en los programas de televisión, donde hay técnicos de sonido que no velan porque los telespectadores reciban interpretaciones armoniosas, sin estridencias o desequilibrios que resultan horribles para el oído.
No hay nada más bello que escuchar un concierto en vivo o un programa de televisión donde el sonido forma parte básica del disfrute, pero cuando estos factores están ausentes lo que tenemos es una tortura china que perjudica directamente al artista, el que se esfuerza por brindar una buena actuación, pero ésta se puede malograr si todos los elementos no están en orden.
Ya tenemos problemas suficientes con la contaminación de ruidos que encontramos en la calle, donde los automovilistas usan las bocinas de sus coches para abrirse paso por arte de magia.
No agreguemos los ruidos molestos en sitios cerrados como teatros o clubes nocturnos, los que pueden ser controlados con técnicos especializados en la materia.

