El reconocido historiador del arte nacional, Cándido Gerón, analiza la pintura del maestro Ramón Oviedo, desde el ámbito de su expresionismo social, en su libro Oviedo, Símbolo de la pintura latinoamericana.
La obra, amplia en conceptos e imágenes, se publica en español, inglés y francés y cuenta con 380 páginas y más de 500 imágenes de pinturas y dibujos pertenecientes a museos y coleccionistas nacionales.
Gerón, poeta, escritor, investigador e historiador del arte dominicano, explica que todo lo que plantea el libro sobre Oviedo, adquiere significado por la magnitud de su invención pictórica, el dilema que denotan sus cuadros a partir de la narrativa antropológica y su realismo social.
El autor refiere que Oviedo es clásico, moderno y vanguardista a su manera y cada pintura, acuarela o dibujo tiene una referencia conceptual, donde el espacio está delimitado por lo funcional y narrativo.
La reflexión es aún más pertinente cuando se estudia el afán del maestro Oviedo de explicar, a través de los símbolos de su pintura y la iconografía de sus dibujos, un mundo fantástico donde todo se convierte en paradoja y metamorfosis poética, subraya.
El libro de Cándido Gerón sobre el maestro Oviedo esboza la hazaña del artista al convertirse en uno de los artistas más importantes de América Latina. Enunciado que repunta su personalidad cuando se tiene en cuenta sus murales en la Organización de los Estados Americanos (OEA), en la UNESCO y la Galería de los Ofizzi, en Florencia.
Para el autor, Oviedo es uno de los grandes pintores y dibujantes de América Latina, figura central del arte dominicano, creador singular que recuerda al Honoré Daumier fecundo, que acostumbraba a decir: uno a de pertenecer a su tiempo-
Subraya que a sus 82 años Oviedo mantiene aún el poder de la imaginación y es una especie de iluminado. No podía ser de otro modo, por tratarse de un artista de vena inquietante, poseedor de una magia densa, pero aguerrida. Su arte tiene la sensación de lo eterno.
Resalta que esto ayuda a entender su inagotable vitalidad, la forma plástica y gráfica de sus personajes, la impronta de sus avatares, su espíritu irreverente e incongruente, sus herejías.
Agrega que en esto persiste su universo de formas emblemáticas y su mundo cargado de tensiones, cómplice de las máscaras antropológicas y los sucesos de la vida, donde está su secreto, de miradas ambivalentes, de claroscuros y fantasías profanas.
