Por: Michael Mathes
NUEVA YORK, 03 Mayo 2014 AFP. – Que Gerry Adams, presidente del Sinn Fein y una de las principales personalidades políticas de Irlanda del Norte, esté actualmente detenido por un crimen de hace 40 años, se debe a documentos recopilados en una prestigiosa universidad estadounidense. El Boston College, una universidad católica fundada hacde 150 años, es una de las instituciones más respetadas de Boston, la ciudad estadounidense con la mayor población de origen irlandés.
En 2001, varios investigadores lanzaron el «Projecto Belfast» para intentar entender mejor la violencia interreligiosa que dominó a Irlanda del Norte durante las últimas tres décadas del siglo XX. La idea era reconstruir una historia oral del período. Discretamente, los investigadores se fueron reuniendo y entrevistando a participantes en el conflicto, especialmente a decenas de exmiembros del Ejército Irlandés Republicano (IRA) y grupos paramilitares protestantes.
Para lograr que hablaran sin cortapisas, los investigadores les prometieron que su anonimato sería protegido hasta su muerte. Pero la justicia se inmiscuyó y ordenó que algunas grabaciones fueran remitidas a las autoridades. Pese a la polémica que esto generó respecto a la libertad de investigación de los universitarios, y a las consecuencias que amenazan con ser dramáticas para ciertas personas entrevistadas, la justicia finalmente ganó la causa.
La universidad se rindió casi inmediatamente
«El Boston College nos ha traicionado» y también a «las personas que hemos entrevistado», manifiesta su indignación a la AFP el fundador del proyecto y periodista Ed Moloney, que acusó a la universidad de haber cedido casi inmediatamente. En cuanto a la detención de Gerry Adams, «está claro que el proyecto ha jugado un papel, pero no sé hasta dónde», dice. El caso se remonta a 2008. Ese año murió Brendan Hughes, uno de los exmiembros del IRA entrevistados por los investigadores y amigo cercano de Gerry Adams. Moloney publicó entonces un libro, «Voices From the Grave» («Voces desde la tumba») retomando parte del testimonio de Hughes.
La justicia estadounidense aborda una demanda de la familia de Jean McConville, una protestante de 37 años, viuda de un católico y madre de 10 hijos, secuestrada en 1972 por un comando del IRA en Belfast y cuyo asesinato el IRA no reconoció hasta 1999. La justicia estadounidense exige que el Boston College devuelva una parte de las grabaciones y su transcripción, lo que la universidad acabará haciendo tras una batalla judicial de tres años impulsada por Moloney.
El investigador llegó a acudir en persona al Congreso de Estados Unidos e implorar a los senadores, dos de los cuales se graduaron en la universidad, que intervinieran para impedir al menos que los documentos decomisados pudieran ser utilizados por la justicia civil, menos rigurosa respecto a la verificación de eventuales pruebas que la justicia penal. Ahora, explica, «ese es nuestro mayor temor, que estos documentos sean utilizados en acciones civiles contra Gerry Adams, para desacreditarlo». Por el momento, el anonimato se levantó para tres de los participantes en el proyecto, dos de los cuales ya fallecieron.
En Irlanda, una exmiembro del IRA, condenada por un atentado terrorista en 1973, Dolours Price, reveló recientemente a los medios que también había sido entrevistada por el Proyecto Belfast, y dijo que ella y Adams habían estado involucrados en el asesinato de Jean McConville.
Pero según Moloney, Dolours Price «no dijo ni una palabra acerca de Jean McConville en su entrevista con nosotros». A los 65 años, Adams es visto como el abanderado del movimiento que busca desde hace 30 años poner fin a la soberanía de Gran Bretaña sobre Irlanda del Norte, y sigue teniendo una responsabilidad importante en el equilibrio político de la provincia.
Su partido, el Sinn Fein, denunció su detención como una maniobra política. Moloney dijo estar preocupado sobre todo por las repercusiones sobre las futuras investigaciones académicas que necesiten de testimonios. Tras este asunto, las personas que se intenten entrevistar bajo la promesa de anonimato, estarían «locas» si aceptan, lamenta. AFP
