CANNES. Francia. A este festival llega lo mejor del cine del mundo. Y ante Africa Cannes se ha inclinado respetuosamente por la cinta que representa al Chad: Grigris, del director Mahamat-Saleh Haroun, quien también es su guionista y que representa, con su forma de hacer películas, mucho más que una alternativa válida a las producciones de acción y melodrama provenientes de Holywood.
Grigris se presentó ante lo crítica internacional provocando una oleada de reconocimientos por la acabada estética visual que imprime su director, al panorama de pobreza, ruralidad y delincuencia que describe.
Lo que se deja ver en pantalla, refiere a un director consciente del oficio y pendiente de cada detalle de la realización, abriendo puertas para debatir temas y presentar discursos visuales alternativos, reveladores y desacralizadores. Una cinta que ofrece la discapacidad física como alternativa creativa a una sociedad discapacitada íntegramente para que sus miembros alcancen la realización y la justicia. En papel protagónico, a cargo de Souleymane Deme (Grigris) es en la vida real un joven que sufrió polio en su pierna izquierda, pese a lo cual tiene un cuerpo adiestrado para el baile.
El papel fue escrito para él y describe a un muchacho que de día hace trabajos de chiripeo y de noche, es la estrella como centro del baile en la discoteca del barrio.
Su habilidad para bailar es captada con una bien lograda atmosfera de poética visual, pero los acontecimientos van a variar su objetivo de ser un gran bailarín.
Primero entra en una relación de amor con una trabajadora sexual, Anais Monory (Mimi) que sirve de compañía a quien le pague y de quien se enamora perdidamente, tratándola con un respeto que nadie más habría tenido con ella. Los dos protagonistas son debutantes. Ninguno había hecho cine antes. Con un guion ya escrito, el director descubrió a Souleymane Deme, bailando en un bar de mala muerte. Ese era su hombre. Una repentina enfermedad respiratoria de su tío (padre en la práctica) le lleva a buscar dinero en los bajos fondo, dando tumbes y traficando gasolina ilegalmente, en una labor que tiene un precio a ser pagado.

