Hailyn era una hermosa niña de nueve años que siempre estaba dispuesta ayudar a los demás a cambio de nada. Vivía con su madre en un pequeño pueblo que estaba cerca de un bosque donde abundaban los árboles frutales.
Algunas veces algún anciano del pueblo le decía a Hailyn que fuera al bosque y le recogiera frutas de las que habían caído de los árboles, y Hailyn, como quería muchos a los ancianos, decía que si y se iba contenta hacer su trabajo.
Un día, cuando recogía frutas en el bosque para llevárselas a una anciana enferma, Hailyn vio que detrás de unos arbustos había algo grande y brillante tirado en el suelo, y abriéndose entre los pequeños árboles, Hailyn se encontró con una gran estatua de cristal de una virgen que parecía estar caminando.
-¡Santo Dios! Dijo Hailyn sorprendida-, pero si es una estatua de la virgen. Y esta aquí tirada. Eso no puede ser, ninguna estatua de la virgen puede estar tirada en el suelo, mucho menos ésta que es tan hermosa. Yo voy a pararla.
Hailyn metió sus manos por debajo de la cabeza de la estatua, y echando un chillido aplicó toda su fuerza para pararla, pero la estatua ni siquiera se movió. Entonces Hailyn respiró profundamente, y echando otro chillido volvió a aplicar su fuerza, pero la estatua en vez de cristal parecía estar hecha de puro hierro.
-Ni siquiera puedo moverte le dijo Hailyn a la estatua llorando-, y no quiero dejarte aquí tirada para que alguien más te encuentre y quiera venderte. No.
De pronto la estatua comenzó a pararse sola, y tres mujeres hechas de luz y con largas cabelleras aparecieron al lado de esta.
_No te preocupes, pequeña Hailyn dijo una de las mujeres de luz-, estamos aquí para llevarnos la estatua, y para decirte que la gran señora está muy contenta contigo por todo lo que has hecho.
Hailyn no podía creer lo que estaba viendo, y dijo: Ustedes son ángeles Si.
-Así es, pequeña dijo la mujer de luz-, somos ángeles al servicio de la gran señora. Seres son cualidades excepcionales, como las que tú tienes.
Entonces Hailyn dijo: La gran señora es la virgen ..verdad?
-Así es dijo la mujer de luz-, y ella está feliz por lo que hiciste con tu estatua.
-pero yo no hice nada dijo Hailyn-, yo intenté pararla y no pude. Sí, la paraste -dijo la mujer de luz-, la paraste con tus bellas palabras, con tu espíritu puro y tu inmenso amor hacia los demás.
Entonces la estatua y las mujeres de luz desparecieron ante los ojos de Hailyn, y una dulce voz de mujer dijo: Soy yo, querida Hailyn, la virgen, y quiero decirte que dos de mis ángeles estarán siempre a tu lado. Aunque tú no los vea.

