Estados Unidos y las potencias europeas, sobre todo Francia, tienen una buena oportunidad para devolverle a Haití una parte de las riquezas que durante siglos obtuvieron de ese pueblo.
No hablo de migajas humanitarias a propósito de las 400 mil toneladas de TNT, que es la fuerza del terremoto de 7.3 que devastó Puerto Príncipe. Las ayudas humanitarias no resolverán el problema. Antes del sismo, Haití era un pueblo fantasma de nueve millones de muertos en vida, sin educación, sin salud, sin futuro. El terremoto no ha hecho más que enrostrarle al mundo civilizado la miseria del pueblo más miserable del continente. Haití, como recuerda Fidel Castro en su reflexión del pasado jueves, es digno de mejor suerte porque luchó para alcanzar su autodeterminación y su bienestar.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano, el autor de Las Venas Abiertas de América Latina, escribió hace un tiempo: En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco.
Haití no ha tenido paz ni sosiego. Los tiranos y traidores se han sucedido, al igual que las intervenciones militares. Puede decirse que la historia de Haití, como la de la mayoría de los países latinoamericanos, es la historia del saqueo y de la muerte.
Haití no tiene petróleo, no tiene oro, no tiene diamante, no tiene bosques. Las potencias se llevaron todo lo que puede tener valor. Las transnacionales no tienen negocios en Haití, porque en Haití no hay negocio. En Haití sólo hay pobreza, sólo hay muerte y desolación. El principal terremoto en Haití es el hambre.
Estados Unidos y Francia, socios en muchas guerras, pueden hacer un plan para reconstruir Haití. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un Plan Marshall para reconstruir los países europeos devastados. Taiwán debe su progreso al apoyo de las potencias capitalistas que intentaban socavar la revolución de Mao Tse-Tung. Estados Unidos y las otras potencias tienen dinero para un plan de reconstrucción. Haití no es digno de lástima, es digno de una cooperación económica masiva que contribuya con su desarrollo integral.

