Semana

Hay un momento en que el silencio es un lenguaje

Hay un momento en que el silencio es un lenguaje

¿Qué recuerda de sus relaciones con Fidel Castro?

__Yo lo conocí en el Colegio de La Salle. Sencillamente era muy inquieto.

Cuando íbamos de paseo siempre lo estaban regañando, Fidel pa´quí, Fidel pa´llá.

Raúl era una cosita chiquitita de cinco años. Se dormía en el sillón del director, se pasaba el día entero porque eran internos los tres.

Ramón era el más callado, es el mayor y siempre ha tenido una posición muy discreta. Después era el ganadero de la familia, el que se dedicaba al sector agrícola. Así ha sido siempre, todavía ahora.

Por eso no es muy conocido y nombrado Ramón Castro.

Pero Fidel sí era muy inquieto. A tal punto que al terminar la primaria el director del colegio dijo que no podía seguir, entonces vino Lina Ruz, la mamá de Fidel, le pidió al director que le recomendará otro colegio católico, que ella quería que siguiera en un colegio católico, y así fue como pasó al Colegio Dolores, de los padres jesuitas.

Años después, los primeros rebeldes, o sea, la avanzada de Fidel, bajaron por la ciudad de Manzanillo, a las 4:00 de la tarde del 1 de enero del 1959.

Nosotros salimos con banderas, todo el mundo, el pueblo entero salió al parque, y allí fue que los vimos llegar.

Empezamos a saludar, les brindamos comidas, les dimos de todo. Fue un momento histórico interesante que se me ha grabado en la mente porque yo tenía la conciencia de que cuba estaba dando un viraje definitivo, sin regreso.

El 26 de julio del 1959 -el primer 26 de julio de Cuba liberada ya- hubo una gran ceremonia de acción de gracias en la Catedral, en la que coincidieron todo el Episcopado cubano, el cardenal haitiano, el Arzobispo de La Habana, Fidel y todos los comandantes, dándole gracias a Dios por el éxito de la revolución cubana, y la iglesia promoviendo eso.

Al terminar -fue la única vez después de la revolución cubana que yo he hablado con Fidel- todo el mundo fue a saludar a Fidel porque en ese tiempo era muy accesible, muy cercano, y yo pasé y me identifiqué.

El me dijo: Donde están los hermanos que me dieron clases, el hermano tal, el hermano tal, el hermano tal…? Y me dijo: Búscamelos que me quiero comer un macho asado con ellos un día.

Eso era en un banco de la Catedral, cosas fugaces que pasan y uno dice: Pero ¡que memoria! En medio de esa barahúnda de gente que viene a saludar al comandante, que lo teníamos ahí, a diez centímetros, acordarse de tanta gente.

¿Qué sucedió con usted cuando se inició el conflicto con la iglesia?

Cuando la invasión de la Bahía de Cochinos, abril del 61, a los hermanos lasallistas los agarraron presos a todos, cinco hermanos de La Salle y tres sacerdotes franciscanos, que eran párrocos.

Los franciscanos eran españoles los tres, y el cónsul español inmediatamente protestó y hubo que sacarlos. Pero los cinco restantes éramos cubanos, no teníamos padrinos.

Todo eso se mezcla en la memoria de uno, hechos muy tristes, muy vergonzosos, con hechos muy nobles de gente que en el momento difícil asume su rol, y lo humano pasa por encima de lo político, de lo ideológico.

Fidel en su discurso declaró que había un solo sistema educativo en Cuba, por lo tanto, toda la educación privada desaparecía automáticamente.

Todos los colegios católicos, los colegios particulares, evangélicos, de todo tipo, pasaron al poder del Estado y se terminó la educación privada en Cuba.

¿Nunca se volvió a reunir con sus padres?

Yo los vi en el 1975. Mi madre estaba enferma y la Cruz Roja Internacional intervino, pero al momento de la verdad y la muerte, a ningún familiar mío he podido ver porque los trámites son tan largos que fallecen antes de llegar.

Cuando papá murió, a mi hermano le permitieron hacer una llamada. Tu papá se fue a descansar con tu mamá me dije con el silencio que nace del dolor.

¿De qué murió?

  De tristeza.

El Nacional

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