Opinión Articulistas

Hermano y padre

Hermano y padre

Carlos Manuel Estrella

Hoy escribo en intimísima primera persona, como excepción a la regla.
Sirvan estas líneas de panegírico resumido del ciudadano Rafael Antonio Peña Pérez (1943-2026), hijo de Carlos María Peña Andújar (1902-1964), progenitor de quien escribe, y de Rosa María Pérez Sánchez (1925-), santiaguero nacido en las estribaciones de Ranchito de Piché y quien se desarrolló como relojero y comerciante en la zona de la avenida Valerio.

Ese era mi hermano, quien fue mi padre por más de 50 años, y hasta la hora de su muerte, así lo consideré. Progenitor de seis de mis sobrinos: Yuberkis María, Carlos Rafael, Elizabeth del Carmen, Rafael Yoén, Carmen Rosa y Dulce Paola. La lista de hijos, nietos y bisnietos no biológicos es bastante larga.

Aprovecho para agradecer a quienes acompañaron a la familia en el dilatado proceso de más de diez años de tratamiento a un paciente de insuficiencia renal crónica que era dializado tres veces por semana, en especial a la nefróloga Gloria Azcona Reyes por su competencia, humanismo y ética profesional.

Su deceso ocurrió el sábado 7 de marzo de 2026 en la clínica Unión Médica del Norte y fue sepultado al día siguiente en el cementerio 30 de Marzo, de Santiago, con el detalle relevante de que a las honras fúnebres, en la funeraria Blandino, asistió su procreadora con más de un siglo de vida.

El hoy difunto tuvo una vida con virtudes y defectos, y al pasar balance al tránsito terrenal, las acciones positivas superan las sombras, porque su exitoso negocio, como relojería y joyería San Carlos, además de servir de escuela, se convirtió en epicentro de la dinámica económica y labor social hacia la familia.

Todos los parientes y, fuera del núcleo base, quienes se consideran como tales por su experiencia, al unísono reconocen el apoyo y acompañamiento en la niñez y adolescencia que les ofreció, junto a su hoy viuda Carmen Polanco de Peña, mujer extraordinaria de virtudes excelsas. ¡QEPD mi hermano-papá!