Hipólito Mejía ha perdido la presente contienda, y no solo lo sabe, lo goza, y es que ha logrado mucho. Apartó del camino a Miguel Vagas Maldonado, que transitaba por una ruta más expedita.
A la medianoche del 20 de mayo tendrá tres excusas para evadir responsabilidad: el vuelco del gobierno en beneficio de Danilo Medina, la no integración de Miguel Vargas y la alegada parcialidad en el arbitraje electoral.
No importa que la derrota hayan sido causada por el hecho de que la sociedad advirtiera mejor preparación en Danilo Medina para gobernar y que sintonizara con sus propuestas; porque el PLD se exhibiera monolíticamente unido; porque contara con los votos del Partido Reformistas Social Cristiano y del amplio espectro de aliados del Bloque Progresista; porque se postulara a la vicepresidencia a una candidata de gran aporte; porque Leonel anduviera haciendo campaña con plena entrega, y porque el propio Hipólito, después de sentir su causa perdida, se sumara a ayudar a sus adversarios
La primera gran contribución con su derrota la aportó en una etapa temprana, cuando, sin haber unido al PRD, compactó al PLD con sus ataques despiadados contra el presidente Leonel Fernández y sus amenazas muy particulares contra el senador Félix Bautista, que encabezaba un segmento de peledeístas que postergaban su integración a la campaña para una etapa más avanzada y él les adelantó los planes.
La segunda ha sido la del menosprecio a Miguel Vargas, porque en un momento en que las encuestas les daban amplia ventaja se convenció de dos cosas: que podía ganar sin Miguel Vargas, y que los peledeístas se podían unir o hacer cualquier cosa y él de todas formas, les ganaba.
Pero aquella era una etapa distinta, actuaban así porque creían que iban a ganar, y ahora Hipólito sigue colaborando consciente de que va a perder.
No ha desperdiciado un escenario para mostrarse inapropiado para la función de jefe del Estado. Sin importarle el mal trance de sus anfitriones, como ocurrió con monseñor Agripino Núñez Collado y la bromita nada apropiada de que sabía cuánto hay depositado en una cuenta que el gran mediador tendría en Puerto Rico.
Ocurrió lo propio con los panaderos, que requieren de ayuda gubernamental para adquirir hornos modernos, que les permitan competir con los productos importados, y que esperando un planteamiento esperanzador de un candidato, lo que reciben es la exhortación de que vuelvan al empleo de la leña, lo que a su vez acarrea un efecto catastrófico contra el bosque.
El año pasado se había conocido su llamado a los deudores del Banco Agrícola para que no paguen, pero ahora lo hizo peor, al advertirles a las pequeñas y medianas empresas, que no saldará las deudas, adoptando la costumbre que atribuyó a Balaguer, de que las deudas viejas no se pagan y deudas nuevas se espera que se convierten en viejas, dejando perplejos a muchos de los presentes, que concurren a estos actos y dan sus aportes, no porque necesariamente respalden a un aspirante, sino para protegerse en caso de que gane y para saber qué planes tiene para su sector, e Hipólito los previno de la quiebra que les acecha si él se encaramara de nuevo.

