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Historia de Clemente sigue inspirando a todos

Historia de  Clemente sigue inspirando  a todos

Son pocos los casos en los que los videos de atletas del pasado se ven bien con el transcurrir de los años. Si usted ve una película de la leyenda de la NFL Jim Brown esquivando a defensores que le llegaban por la cintura, o de Babe Ruth haciendo swing con ese bate suyo que parecía el tronco de un árbol, es difícil hacer conexión con su grandeza. Hay un brillo y una magia en sus habilidades que no se trasladan bien al video, que no es capaz de viajar en el tiempo.

Pero de vez en cuando hay un atleta cuyas virtudes son tan fantásticas, tan puras y atemporales, que esas grabaciones viejas lucen tan modernas y frescas como si hubiesen sido ayer. Sólo miren al puertorriqueño Roberto Clemente lanzar una pelota.

Mírenlo lanzar en el documental » Remembering Roberto».
Luce bien como siempre se vio.

«Creo que es poco productivo, o incluso tonto, comparar a atletas de distintas generaciones», dice David Maraniss, autor de la fantástica biografía, «Clemente: The Passion and Grace of Baseball’s Last Hero». «Todo es diferente: la dieta, los entrenamientos, el equipamiento… las estadísticas ofrecen la ilusión de una forma justa para comparar y juzgar, pero eso no es más que una ilusión.

«Sobreponiéndose a la raza y al idioma, Clemente se convirtió en el líder indiscutible de los Piratas, algo que las estadísticas no son capaces de medir, al igual de que no son capaces de capturar la diversión y la belleza de observarlo corriendo hasta la pared para luego soltar un misil hacia la tercera base».

Es imposible cansarse de contar la historia de Clemente. En principio, como dice Maraniss, «es la historia de un trabajador inmigrante, básicamente, negro y latino, el más grande de esa primera ola y alguien que luchó contra su propio orgullo y también contra la prensa deportiva blanca, pero que de alguna forma terminó siendo idolatrado».

La prensa del béisbol fue muy dura con Clemente en esos primeros años. Y él fue duro con ellos. Algunas veces se burlaban de su inglés. Cuestionaron su entrega. Lo trataban diferente que a los jugadores blancos. Clemente les respondía, usando toda esa energía para crear ese torbellino de pelotero que fue.
Como escribió el columnista Roy McHugh una vez: «Para Roberto Clemente, la rabia es el combustible que lo hace moverse en su eterna búsqueda de la excelencia. Cuando la oferta baja, Clemente crea un poco más».

Clemente sentía rabia en muchas ocasiones. En cierta forma, era como uno de sus héroes, Jackie Robinson. No estaba dispuesto a simplemente aceptar lo que él consideraba una injusticia. No era de los que se quedaban callados.

UN APUNTE

Un gran cambio

Con el tiempo, Clemente se fue ganando el respeto de los periodistas y de la prensa, no sólo con su gloriosa forma de jugar -ese brazo fantástico, las líneas, los 166 triples que bateó porque siempre salía corriendo de la caja de bateo- sino también porque suavizó su carácter. Maduró, a medida que pasaban los años y se estableció como una estrella.

El Nacional

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