Opinión

Hoy por Anibel, ¿y mañana?

Hoy por Anibel, ¿y mañana?

El asesinato de Anibel González Ureña, perpetrado en San Pedro de Macorís por su expareja Yasmil Oscar Fernández, quien en otra ocasión anterior le había inferido siete puñaladas, coincide con el aniversario de la muerte de Andrea Celea, al caer desde el balcón de un hotel de Bella Vista, de cuyo deceso las autoridades acusan a Gabriel Villanueva Ohnona.

Entre uno y otro crimen, decenas de mujeres han muerto a manos de hombres despechados, la mayoría de los cuales perpetraron esos asesinatos a pesar de que las víctimas o familiares denunciaron ante las autoridades que fueron objeto de amenazas, agresiones previas por parte de sus victimarios.

En el caso de Anibel, que en una primera oportunidad su verdugo intentó asesinarla al inferirle siete cuchilladas, se produjo el insólito caso de que las autoridades judiciales apadrinaron un “acuerdo” mediante el cual su agresor fue liberado.

El agresor debió ser condenado a la pena máxima de 30 años de reclusión por intento de asesinato, toda vez que la agresión perpetrada contra la joven abogada estuvo precedida de premeditación, asechanza y, obviamente de la clara intención de asesinarla.

Una vez en libertad, el individuo mantuvo constante acoso sobre la infeliz mujer, cuyos ruegos para que fiscales y jueces impidieran lo que finalmente ocurrió, nunca fueron atendidos. Ese hombre despechado la asesinó de cuatro balazos y se suicidó.

Son muchas las mujeres que han sido asesinadas por esposos, exparejas o pretendientes, cuyos nombres no llegan a superar las novedades del día ofrecidas por la Policía y la Fiscalía, como si las víctimas y la propia sociedad padecieran alguna condena de maldición divina.

Los poderes públicos deberían compadecerse del drama de tantas niñas, adolescentes inscritas ya en la pesarosa lista de próximas víctimas de feminicidios, la mayoría de las cuales sufren agresiones físicas o psicológicas de quienes seguramente serán sus asesinos.

Las lágrimas se derraman hoy por Anibel y hace un año fue por Andrea, pero la consternación, impotencia e indignación se repite como si a toda la sociedad se le obligara a ingerir la cicuta de injusticia, indiferencia y desesperanza.

El Nacional

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