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Ilusión y desilusión

Ilusión y desilusión

Los vientos que soplaron en la región tras las contundentes victorias en México, Argentina y Bolivia daban motivos para la izquierda ilusionarse con la recuperación del terreno perdido en los últimos años. Si no en su totalidad, por lo menos en una buena proporción.

Después de gobernar en Paraguay, Perú, Chile, Uruguay, Ecuador, Brasil, Argentina, Honduras y Bolivia, la izquierda solo pudo retener el poder, no por voluntad popular sino a la fuerza, en Venezuela y Nicaragua.

Las esperanzas que se tenían con recuperar el trono en Ecuador se esfumaron con la victoria del conservador Guillermo Lasso frente al izquierdista Andrés Arauz, ganador de la primera vuelta y amplio favorito en las encuestas para vencer en el balotaje.
Con el peso político que tienen en la región, las victorias de Andrés Manuel López Obrador, en México, y Alberto Fernández, en Argentina, era obvio que tenían que generar un entusiasmo que se acrecentó con los resultados de las urnas en Bolivia.

En Perú los candidatos de izquierda Pedro Castillo y Verónica Mendoza estaban entre los principales favoritos, mientras Keiko Fujimori, expresidiaria por el escándalo de corrupción de Odebrecht corría en último lugar en la preferencia del electorado.

Las votaciones en Ecuador y Perú deben provocar una honda desilusión en una izquierda que soñaba con que los resultados impulsarían una corriente que también se alimentaba con la derrota del déspota Donald Trump en Estados Unidos y el desplome en caída libre del insolente Jair Bolsonaro en Brasil.

Aunque no se descarta la posibilidad de que la izquierda pueda recuperar un bastión como el chileno, no hay mucha seguridad de que el carismático líder brasileño Lula da Silva vuelva al poder en el gigante suramericano, con todo y que por ahora sea el favorito en todos los sondeos.

Para recuperar el terreno perdido la izquierda tendrá que revisarse a fondo. Al margen de que necesite un discurso que conecte con el sentimiento de la población y rompa con el clisé de culpar a Estados Unidos de todos los males, los escándalos que marcaron las despedidas en varios países tornaron frustratorio, en muchos casos, el paso por el poder de esos partidos.

Las dictaduras de Maduro, en Venezuela, y Ortega, en Nicaragua, son, por demás, obstáculos como referencia para cualquier proyecto que reivindique su plataforma ideológica.

A diferencia de la europea, que defiende las libertades y el libre juego de las ideas, la izquierda latinoamericana suele identificarse con regímenes dictatoriales solo por el sambenito de antiimperalista. El caso de Ecuador ha sido una gran desilusión como de seguro también lo será el resultado de las elecciones en Perú.

Luis Pérez Casanova