La Orden Departamental 33-2019 del Ministerio de Educación ha levantado un avispero por cosas que no dice e ideas que no insinúa, gracias a una de las siempre desafortunadas intervenciones de Monseñor Masalles. Pero no me voy a molestar en dirigirme respecto a lo que dice la orden Departamental, ya que entiendo que la promoción de la equidad entre hombres y mujeres en las escuelas es algo que no amerita debate en el 2019, sino que prefiero dirigirme directamente al non sequitur de Masalles y los miles que repiten su retrógrada posición.
Si el Estado realmente fuera a promover el reconocimiento e inclusión de la comunidad LGBT en las escuelas, exactamente ¿Qué tiene eso de malo?. Las personas LGBT son y siempre van a ser parte de la sociedad dominicana, y deben tener los mismos derechos que cualquier otra persona dentro de nuestra sociedad, siendo una parte de esos derechos fundamentales el existir y que el Estado reconozca que existen como parte ordinaria de nuestras comunidades.
La importancia de que eventualmente el Estado dominicano decida incluir su existencia en la enseñanza en nuestras escuelas vendría con múltiples objetivos, dos de los cuales serían que las personas que son y siempre serán heterosexuales sepan que existen las personas LGBT y que eso es perfectamente normal y ordinario no solo en los seres humanos, sino a lo largo y ancho del mundo animal, por un lado; y por el otro que las personas que son y siempre serán LGBT (según aplique) sepan que son miembros de nuestra comunidad con exactamente los mismos derechos que todos nosotros.
Esa dualidad de objetivo en ese tipo de enseñanza sirve para proteger tanto a las personas LGBT de la discriminación, odio y deshumanización que actualmente se ha desatado gracias a las declaraciones oportunistas de Monseñor Masalles, así como para proteger a las personas heterosexuales para que no crezcan con las ideas de Monseñor Masalles y los miles más que han aprovechado la ocasión para desatar ignorancia y desprecio por una parte significativa de sus prójimos y conciudadanos.
Por supuesto, hay observaciones válidas y conversaciones que debemos tener como sociedad sobre algunos aspectos del tema que plantea el lobby anti-LGBT, aún si vienen arrastradas por los moños a esta altura de la discusión por actores de mala fe.
Lo que no es negociable es poner fin al ostracismo y desprecio al que está sujeto una parte importante de la sociedad dominicana por una mentalidad que ha resultado de siglos de adoctrinamiento, que solo ha servido para perpetuar el atraso social y económico de nuestra nación. Estamos en el Siglo XXI, es tiempo de que actuemos como tal.

