Bogotá. EFE. Nacionales y extranjeros en Latinoamérica se unieron ayer a la marcha mundial de los indignados en la que pidieron ser escuchados y que se les dé su lugar en una democracia real y no en la dominada por los políticos y los financieros.
La jornada de movilización convocada en al menos 82 países y denominada World Revolution 15.0, en alusión al 15 de octubre, surgió tras el movimiento 15-M de los indignados en España.
Uno de los primeros en pronunciarse este sábado fue el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien dijo que las manifestaciones de los indignados son consecuencia de la pobreza que afecta a la clase media y que tildó de tsunami».
Ese es el capitalismo, mientras eso está en el mundo, que la pobreza crece, el hambre crece, en Venezuela la pobreza sigue bajando y ya en Venezuela no hay hambre, subrayó Chávez, al defender el modelo socialista que impulsa su Gobierno, aunque admitió aún hay aspectos que mejorar. Varios miles de indignados salieron a las calles en varias ciudades de Chile.
En Santiago, donde según los organizadores se concentraron 100.000 personas, se exigió la redacción de una nueva Constitución que sustituya a la actual, elaborada en 1980 durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Asimismo, los manifestantes gritaron consignas y mostraron pancartas de apoyo al movimiento estudiantil y en contra de los proyectos energéticos que amenazan el medio ambiente, los dos temas que han encabezado la agenda política y social durante los últimos meses en Chile.
Unos 250 activistas se manifestaron de manera festiva en el monumento a la Revolución mexicana, en el centro de la capital de México, y con un baile al ritmo de batucada exigieron al Gobierno oportunidades de trabajo, combatir la pobreza y lograr la igualdad.
Además, los manifestantes solicitaron a la población que firme un documento para demandar al presidente mexicano, Felipe Calderón, ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y de lesa humanidad, debido a que su estrategia contra el narcotráfico ha dejado más de 50.000 muertes».
Al menos 800 indignados de diferentes nacionalidades marcharon de forma pacífica por Buenos Aires, en la que organizaron una bicicleteada y diferentes actividades artísticas.
En Brasil, donde se habían convocado actos en 44 ciudades, la participación fue en general escasa, como fue el caso de Río de Janeiro, la segunda mayor urbe del país, en la que se movilizaron exactamente 37 personas.
Los indios en Sao Paulo, que cuentan con el apoyo de ecologistas y campesinos, hicieron una acampada en una plaza céntrica contra la gigantesca central hidroeléctrica de Belo Monte, cuyas obras ya han comenzado en el río Xingú a su paso por la ciudad amazónica de Altamira.
El movimiento mundial de los indignados congregó en Lima a cerca de medio millar de jóvenes en la céntrica Plaza San Martín con consignas como Desahuévate (despierta), Alza tu voz, exige el cambio y La tierra y el agua son de las personas, no de las empresas».
A su vez, en el central Parque Nacional de la capital colombiana unos 70 indignados, la mayoría colombianos y algunos extranjeros residentes en Bogotá, reclamaron una regeneración del sistema democrático y económico.
En Montevideo un grupo de ochenta indignados, entre uruguayos y españoles, se concentraron frente a la Presidencia para reclamar a las autoridades medidas urgentes que cambien un sistema financiero agotado y políticas que eviten que la crisis internacional llegue a Uruguay.
