La anexión de RD a España fue un paso poco deseado en las cortes de Madrid



Aunque la proclamaciónde la anexión de naciente República Dominicana a España se produjo el 18 de marzo de 1861, el día 4 del mismo mes el general Pedro Santana había informado a sus amigos sobre las negociaciones con la nación europea.

Pero la anexión inició su naufragio en su día germinal. En España-conviene propalar páginas escasamente conocidas-, contemplaban con dudas esta relación con el pueblo dominicano.

Las discusiones en el parlamento español desde 1859 a 1861, desembocaron habitualmente en un rechazo a todo trato distinto al del puro y simple reconocimiento.

Pero la España de esos días, como bien dice un diplomático de la época, Augusto Conte, estaba enardecida. El general Leopoldo O’Donnell había ganado las guerras emprendidas contra los moros en el Norte de África. Los triunfos motivaron un sentimiento triunfalista extraordinario.
Discutíase por esos días en la propia España si les convenía adoptar el sistema republicano y descabezar la realeza. Los éxitos militares de O’Donnell asentaban el poder real, encabezado en esa época en una mujer de tino dudable y conducta no siempre decorosa.

O’Donnell había vuelto a España desde Cuba, en donde le tocó recibir delegados dominicanos interesados en recibir apoyo español para la República Dominicana, en su calidad de capitán general y gobernador de la vecina isla. Sin embargo, no patrocinó un empeño de patrocinio como el buscado por los dominicanos.

Ahora, triunfante en África, con el olor de la victoria sobre él, deseaba acumular nuevos lauros personales. Del África sacaba ya títulos nobiliarios como el de duque de tetuán y conde de lucena. ¿Por qué no probar con un proyecto como el dominicano?

Conte dice en sus memorias, publicadas bajo el título “Recuerdos de un diplomático”, que su superior en la legación de Londres, don Francisco Javier de Istúriz, hizo una especie de consulta con un avezado político inglés, Lord John Russell.

Iba ya Istúriz camino de España, en donde, en 1858 habría de presidir el gobierno español por tercera vez. Estaba al tanto desde la misión diplomática encabezada en Inglaterra, que un tema sujeto a debate en el parlamento, era el de Santo Domingo.

Conte, muy amigo, compueblano y protegido de Istúriz, dice que Russell le respondió al diplomático que España, en el mejor de los casos, estaba llamada a rechazar la solicitud dominicana.

Y se lo dijo con un sarcasmorecordatorio de una dura expresión pronunciada por el rey de Francia Luis XI ante un pedido de Génova, deseosa de pasar al dominio francés: “¿Queréis daros a mí? ¡pues yo os doy al diablo!”.

Conte afirma en sus recuerdos que desde el primer día del planteamiento dominicano en el congreso en Madrid, se nos juzgó ligeros, mudables y de conducta corrompida. Y añade Conte en su escrito que O’Donnell conocía este modo de ser del dominicano.

Le extrañó pues, cuando más tarde, conducido O’Donnell por la propia reina Isabel II a presidir el gobierno por la presidencia del parlamento, aceptase patrocinar la reincorporación de los dominicanos al dominio de España.

Conte asegura de O’Donnell, que actuó por vanidad. Acumulaba ya los triunfos de África y el retorno de Santo Domingo a la corona española era un triunfo definitivo para él.
Ese paso, no obstante, motivó a Conte para escribir de él que desoyó el sentir de una mayoría del gobierno español de ese tiempo.

“… no sólo abrigó en su seno a aquellos antiguos colonos, que fue lo mismo que abrigar a una serpiente, sino que habiéndose rebelado bien pronto mucha parte de ellos, gastó mucho dinero para someterlos, hasta que al fin el general Narváez, que era más hombre de Estado que O’Donnell, pensó en poner término a semejante desacierto, apenas subió otra vez al poder, tomando la sabia providencia de hacer anular por las cortes el decreto de reincorporación de aquella isla” (página 475, t. II).