Una hazaña artística singular como lograr que resulte inspirador y estéticamente impecable un montaje tan exigente y complejo como La Cenicienta (Cinderella), partiendo de la música original de Richard Rodgers, letras y librero de Oscar Hammerstein y orquestación de Robert Russel Bennet, es lo que alcanza ThetroMus, durante sus presentaciones en el Teatro Nacional Eduardo Brito.
La hermosa historia de la Cenicienta, con su carga positiva de optimismo frente a las dificultades, su lucha entre las apariencias y los intereses mezquinos y la belleza, opresión sufrida y generosidad del personaje central, describe un cuadro en que apunta con claridad al dominio del género escénico mas difícil, ese que demanda de todas las expresiones dables en escena.
Destacan desde las primeras escenas, la calidad danzaria de la masa escénica, la perfección y cuidado del vestuario, su magnífico diseño de luces, los peinados y lo exquisito del maquillaje y el despliegue histriónico de sus protagonistas y personal actoral de apoyo. El sonido es notable y su única objeción es que la protagonista no se escuchaba con claridad en la función del viernes, dejando perder algunos parlamentos fundamentales para comprender el mensaje.
Se debe destacar la perfección de los efectos especiales y singularmente el vuelo de la hada madrina y los lumínicos en la carroza de la Cenicienta transformada en dama de azul celeste. Magia y ensueño bien logrados, un mensaje de esperanza y superación,

