La cultura es el conjunto de esquemas mentales y de conducta de los seres humanos, y cuando ese comportamiento se hace reiterativo se asume como cultura personal de alguien. Aquí entra Miguel Vargas Maldonado: exitoso empresario, pero mal político.
La habilidad de un político se mide por la capacidad de las personas que procura como asesores. Y ahí Miguel comenzó perdiendo. Pocos en su entorno lograron conectar con las bases del PRD. En comunicaciones, hubo una línea de aislamiento con redactores en los medios informativos.
Los estrategas asumieron que saturar a la población con spots publicitarios era suficiente para concitar el respaldo de los militantes y simpatizantes del Partido Revolucionario Dominicano, obviando la cultura que Peña Gómez impulsó: el abrazo, la palmadita en las espaldas, llamar al compañero por su nombre
Algunos dirigentes medios tuvieron que esperar tres meses para ser recibido por el presidente del PRD. Ahí está la causa de la derrota, y no en el 3% de votantes que eran personas ajenas al PRD.
Este dato me lo filtró anoche un miembro de la comisión que trabajó en el cotejo de por lo menos el 20% del padrón de concurrentes a la convención y con el del Partido de la Liberación Dominicana.
De acuerdo al documento que me entregó ese técnico del grupo de Vargas Maldonado, apenas 6,715 supuestos militantes de otros partidos habrían votado, después de revisar 194,351 casos.
A sabiendas de que eso no cambiaría los resultados finales, los asesores del ex aspirante insisten en llevarlo a hacer el ridículo ante la sociedad, levantando en los medios de comunicación la bandera del fraude. En realidad, es algo que nadie cree.
Todavía Miguel Vargas no está acabado políticamente, y, el hecho de sepultarse o no, dependerá del papel que asuma en la actual coyuntura, de su acercamiento a los dirigentes de bases, para, en vez de bajarles línea, escuchar lo que ellos piensan.

