Opinión

La deuda social

La deuda social

El concepto de la “deuda social acumulada”, de tanto repetirse se ha convertido en un clisé. No obstante, se hace necesario desagregarlo, para recordarles a los olvidadizos que la reiterada deuda, compendia el cúmulo de necesidades insatisfechas de la población, unas veces por acción y otras por omisión.

Como se trata de un crédito a favor de la población, hay que retrotraerlo en el tiempo, y extenderlo hasta la fecha de hoy, para que  ninguno de los gobernantes y sus partidos, pretenda excluirse, transfiriendo la culpa a los demás.

Debiera avergonzarnos a todos, y de manera directa a los que nos han gobernado, los reclamos y los paros cívicos en provincias y municipios por cuestiones tan elementales como la pavimentación de calles y carreteras, construcción y reconstrucción de aceras y contenes, acueductos, escuelas, dispensarios médicos, instalaciones deportivas y cobros por deudas a productores agrícolas.

A la crisis de energía eléctrica (apagones), quiero darle una connotación diferente.

Aunque 47 años de democracia han debido ser suficientes para resolver ese problema, no es posible compararlo con las necesidades antes citadas. El costo de la inversión, los intereses envueltos y el carácter estratégico de la energía, me obligan a darle una categoría especial, y separarlo de las otras necesidades.

Pero por las razones que fueren, la mayoría injustificadas, no hay una demarcación, provincial o municipal, urbana o rural, que pueda decirse, que cuenta con la solución de todos sus problemas. Las protestas abarcan al Distrito Nacional, a las provincias principales, y, lógicamente, a los pueblos más pequeños y apartados.

Sobre los hombros del gobierno de turno, recae la terrible responsabilidad de procurar alguna salida a los innumerables problemas que afectan a la nación.

En el presente,  le corresponde al doctor Leonel Fernández arrastrar lo que él, durante sus mandatos, ha dejado de hacer, y lo que han dejado de hacer sus predecesores, y quien fuera su sucesor.

De pronto,  el buen juicio nos dice que no es posible atender al mismo tiempo tantas demandas. El gobierno no tiene los recursos  necesarios, y solamente retomando el concepto originario de la economía, que establece que “cuando las disponibilidades son inferiores a las necesidades, se impone la obligación de racionalizar el uso de los recursos, apegados al más estricto orden de prioridades”.

Esperar que el doctor Leonel Fernández y su gobierno respondan positivamente a todas las necesidades del país, es una aspiración imposible de realizar.

A lo que sí debemos aspirar y ser consistentes es a que la inversión en  gasto público se haga con equidad, y las obras a ejecutar sean las más prioritarias.

priamohmp@Hotmail.com

El Nacional

El Nacional

La Voz de Todos