La espiritualidad en el arte



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Llama a ponderar que una actividad como la escritura y arte en general, que tiene que ver con que el ser humano, un ideal personal, sea mejor persona tanto por fuera como por dentro, genere tantas animadversiones antológicas entre ellas mismas en vida y en muerte.
Cómo una actividad que busca, espiritualmente hablando, que un ser comunique a otro a partir de un lienzo, un poema, una pieza teatral, canto, danza, novelas, poesías y etc., una experiencia trascendental y a la vez sea un ser humano execrable en lo personal, que el lector a veces ni idea tiene a quien leer y admira (y no hay que achacar que nació retorcido por dentro) y aun así no deja de ser un gran artista.
Es digno de tomarse en cuenta y ponderar que quien proporciona paisajes a la imaginación de un mundo mejor, de un planteamiento que ayuda a crecer, no es ni por asomo lo que pinta, describe, pondera como bueno o como malo. No es que el que hace arte tiene que ser, en el lenguaje popular, gente de bien. Los hombres y las mujeres más trastornados se encuentran en el arte, en la política y en la religión.
Grandes artistas generalmente son frutos podridos por dentro, que de honestos y altruismo solo tienen la intención, aunque hay que reconocer que el arte no tiene nada que ver con la manera de ser del hombre y la mujer tradicional, o la moral de la época.
Los hombres que influyen a través de una actividad de masas o de minorías, sin importar la cantidad, son seres difíciles de definir a vuelo de pájaro e inclusive dibujado en un papel.
Ese delirium de grandeza, esa megalomanía de que yo soy el mejor, que yo fui primero que la gallina, da qué pensar sobre las gentes de arte que se admira y a la vez se soporta. Al final, a ambos les acompaña el mismo destino, independientemente de que brillen en su tiempo con “luz propia”, si su obra sobrevivirá.
Donde radica el verdadero arte es en la capacidad de transformar espiritualmente a un ser pasivo en un activo y lo contrario. ¿Hace el arte mejores seres humanos y el artista lo es por el hecho de crearlo? Tal vez.
Toda actividad artística debería tener como propósito que nos haga mejores seres humanos contra viento y marea; que quien contemple un lienzo, lea el género que prefiera en escritura, vaya como espectador a una obra de teatro, escuche una melodía se vuelva un mejor ser humano. Ese debería ser el ideal, aunque no lo consiga.
Los orígenes de una obra de arte son tan misteriosos como la personalidad de quien la crea.
Que un poeta no puede ser una mala persona sería lo ideal, que sea un excéntrico hay que perdonárselo. En fin, puede ser lo que le dé la gana; pero una mala persona, no lo puedo entender.
Los grandes poetas o grandes espíritus de la humanidad estén ligado o no al arte, son grandes hombres y mujeres ante los demás que no necesariamente lo sean consigo mismo, a veces a esas personalidades lo acompañan oscuridades para transitar por su tiempo que ni ellos mismos se soportan.
Por como ande la producción artística de un país, es decir sus talentos, así anda el país. El arte en general es el mejor indicativo para saber cómo anda una nación desde el punto de vista espiritual.
Donde se escribe, se canta, se actúa, se danza, se pinta con calidad y creatividad de reflejar lo mejor de sí, ese país está protegido por lo mejor de la espiritualidad que ese arte genera, aun tenga crisis la supera.
Cuando no hay obras de calidad las fricciones entre esos “artistas y sus obras”, andan a la deriva y las relaciones entre ellos son de las más bajas que puedan imaginarse al igual que las obras producidas. ¿Por qué hay tiempo donde las obras de calidad pululan como el verde de los árboles, contrario a otras? ¿Qué capas de lo espiritual y lo material se une en un momento dado como una energía para que eso influya en los seres de esos tiempos? La única palabra que aflora es: quién sabe. Solo sabemos los resultados como todo lo que viene del hombre. Permanentemente estamos asociados a los resultados de nuestros actos, por insignificantes que parezcan.
El autor es escritor.