En una ocasión fue parte del escenario en el que el periodista colombiano Javier Darío Restrepo dejó sembrada la esperanza de que no todo está perdido en el ejercicio periodístico, porque todavía hay instituciones y personas que postulan por una ética del periodismo que llega casi a la utopía.
Aunque todavía hay denuncias de atentados de gobiernos a la libertad de expresión e información, en la democracia la amenaza más grande la representan los bajos salarios de los periodistas y las tentaciones de instituciones gubernamentales.
«La mayor amenaza a la libertad de prensa son los malos sueldos de los periodistas. No puede haber información libre cuando quien la busca para transmitirla es una persona que anda atareada por ganarse el pan». Dijo Restrepo en la ocasión.
Sin embargo, hay todavía una opinión más contundente, sobre la calidad del periodismo y su responsabilidad con la sociedad, en primer lugar, ante los desafíos que tienen las empresas para ser sustentables: nada de concesiones, ni espectáculos con la información, «el periodismo es demasiado serio para dejárselo a los payasos».
«Los medios de comunicación están hechos para la sociedad, no para ser cómplices de ninguno de los poderes público o privado».
La democracia se fortalece con el ejercicio periodístico, pero sólo si se hace un periodismo de alta calidad, de compromiso, para que la sociedad no esté compuesta por súbditos, sino por ciudadanos conscientes, críticos y con interés en participar.
La prensa no es el único agente que tiene la democracia en su promoción y en sus virtudes, pero sin ella no se pueden cumplir las promesas de la democracia.
En ese sentido, los gobiernos necesitan una prensa que los vigile, que los empuje a la transparencia, una prensa capaz de urgir, una prensa que exija el libre acceso a la información como un derecho ciudadano.
En conclusión, un verdadero periodismo es aquel que hace un periódico que responde exclusivamente intereses de la sociedad y no a particulares.

