Es muy triste para la institución policial ver que casi en todas partes del mundo los policías son héroes, admirados por sus poblaciones y sus gobernantes, y cuando muere un policía o un soldado se hacen discursos presidenciales y se declara luto nacional. Muy por el contrario, aquí en la República Dominicana somos la excepción, mueren 50 policías en promedio anual en el desempeño de sus servicios, y casi siempre ni ninguna autoridad competente muestra sensibilidad humana solidarizándose con las familias de las víctimas, aun cuando el caído sea un oficial superior destacado y lo más grave las viudas y familias son doblemente victimizadas hasta negándoles las pensiones o dificultándoselas.
Lamentamos el asesinato del coronel PN Ramos Álvarez, y manifestamos públicamente nuestro pesar y empatía con sus seres queridos y la familia policial, reclamando todo el peso de la ley para los culpables. Se hace difícil hacer juicios de valor cuando no tenemos todos los elementos en torno a un hecho, pero este caso nos obliga a la reflexión y revisión de los protocolos para cada actuación policial y en especial sobre el uso de la fuerza. Para ser justo con todos los sectores de uniforme, debemos agregar que igual indiferencia e inhumanidad reciben los militares activos, pero, es aun peor para los pensionados de todos las ramas y rangos de las Fuerzas Armas y la Policía Nacional cuando son víctimas de la criminalidad o una enfermedad crónica, los mismos son olvidados y rechazados como desechos, y para colmo, sus seguros de salud no funcionan ni sus planes funerarios.
Como sombrilla de todo lo que toca a la institución policial deben actualizarse los pénsums educativos y su doctrina, así como establecer el equipamiento adecuado para cada policía en servicio, un pago digno, igual al promedio de 600 dólares de las demás policías de América, trato humano, plan de vivienda, transporte y seguridad social de calidad, incluyendo sus familias, medicamentos ilimitados, dietas óptimas, regular 8 horas límite por día laboral y la recreación, evaluación constante mediante exámenes psicométricos y la depuración estricta de la plantilla nominal, etc. También se hace imperativo conquistar la participación de las comunidades para que junto a la policía se pueda trabajar preventivamente en la solución de la inseguridad.
Esto en lo que a la Policía concierne, pues, la institución es una parte del sistema de seguridad pública y está subordinada a las autoridades políticas que son el resto de los actores y quienes están obligados a acompañarla de manera integral y sustentándola en políticas públicas o planes de Estado, que siguen pendientes. Por otro lado, la Policía es el brazo fuerte del sistema de justicia del Estado, conformado además por jueces, fiscales, abogados y otros. Destaca entonces, que la Policía está limitada y excluida de prerrogativas aplazadas, y no podría por sí sola solucionar la inseguridad, principal preocupación de los dominicanos.
Vivir en armonía y paz es la base del desarrollo integral y sano de todo sociedad, la seguridad es la garantía para ello, por eso urge contar con ese derecho insatisfecho.
Dios les bendiga siempre, pueblo dominicano.

