La invasión de Penn y Venables fue vencida por soldados y cangrejos…

Crabs coming from the surrounding forests gather near the sea to spawn in Playa Giron, Cuba


Corría el año de gracia del Señor de 1655, cuando se presentó la flota ante la costa de Santo Domingo. Era el 23 de abril del año citado. La formación de las naves hizo recordar lo ocurrido 69 años antes, con Francis Drake. La población capitaleña se consternó, amedrentada.

Pero el capitán general y Gobernador no era el mismo de los días de Drake.

Los aciagos días de enero de 1586 estaban muy atrás. La huida de don Antonio de Osorio no era sino un episodio ante el cual nadie deseaba verse.

Esta vez, el jefe de la colonia era don Bernardino Meneses Bracamonte y Zapata (Conde de Peñalva). Antes de la formidable flota inglesa ordenar sus navíos, don Bernardino tenía coordinada la defensa.
Dos generaciones después de la estadía del corsario Drake en Santo Domingo, todavía se hablaba mal del gobernador Osorio. El Conde de Peñalva no quería dejar ese lastre sobre su nombre.

Al observar los 56 navíos en formación y marcha hacia el sur cercano (Haina), don Bernardino ordenó sus tropas. Llegado apenas unos días antes, el 8 de abril, trajo consigo 200 arcabuceros. No eran una fuerza del otro mundo, pero era una tropa con la cual no se contaba en la colonia.

Informado por avanzadas destacadas con objeto de observar los lugares de desembarco, supo lo harían en Haina y Najayo.

Dispuso una fuerza encabezada por don Damián del Castillo, auxiliado por lanceros comandados por don Álvaro Garabito, para combatir a los desembarcados en Najayo.

A su vez, don Juan de Morfa atacaría las fuerzas desembarcadas por Haina.

Las avanzadas de Del Castillo fueron superadas y su comandante decidió replegarse hasta el fuerte de San Gerónimo, del cual no quedan hoy día sino algunos cimientos. De todos modos estas tropas apresaron un soldado inglés y lo llevaron hasta el fuerte San Gerónimo.

El Conde de Peñalva destacó gente armada en la parte no amurallada de la ciudad. Taló la tupida arboleda en el camino de Haina y colocó cañones que batieron las avanzadas inglesas en el intento de penetrar hasta Santo Domingo por este campo abierto.

El 5 de mayo los ingleses cesaron la ofensiva. Habían perdido, conforme consignan Casimiro de Moya y otros historiadores, el saldo para los ingleses fue de 2,500 hombres, entre muertos y heridos. Los criollos de La Española apenas tenían bajas.

Aún en tales circunstancias, la fuerza invasora decidió no darse por vencida. Reagrupados desde el 4 de mayo cerca de Haina, se realizó una nueva acometida.

Dice don Antonio Del Monte y Tejada en su Historia de Santo Domingo, que pronto decidieron abandonar el intento.

Una noche, entre el 5 al 6 de mayo escucharon los pasos de un muy numeroso ejército que marchaba con rumbo al lugar en donde se encontraban.

Aterrorizados, los ingleses huyeron despavoridos… ante la avanzada de los cangrejos. Cuando los propios dominicanos, igualmente sorprendidos, pasaron revista al campo, se dieron cuenta de la realidad.

Los ingleses huyeron al paso de los cangrejos que chocando caparazón con caparazón y caminando sobre la hojarasca seca producían un ruido similar al paso de unas tropas ordenadas y numerosas.

Recuerda don Manuel de Jesús Troncoso de la Concha la celebración anual, los días 14 de mayo, de un acto de Acción de Gracias por el alejamiento de los ingleses de Penn y Venables.

Este día recordaba el abandono del intento de dominación de los ingleses comandados por el Almirante Mauricio Penn.

Los 56 barcos, al irse, se llevaban cuanto quedaba de las tropas del general Guillermo Venables.
Después de vencer las tropas inglesas, los dominicanos decidieron rendir homenaje al crustáceo animoso que, por supuesto, sin saberlo, prestó una valiosa ayuda a los criollos de Santo Domingo.

Mediante colecta popular, se adquirió oro y consigna Delmonte y Tejada la obra del orfebre elaborador del cangrejo que llegó a formar parte de las joyas de la Catedral, hasta la ocupación francesa de 1801 a 1808. En esa época, un oficial francés robó toda la riqueza de la Iglesia y, entre lo atesorado, el cangrejo de oro.

El acto de acción de Gracias dejó de oficiarse hacia 1814. Troncoso de la Concha señala que se abandonó esta celebración para no ofender a los ingleses, los cuales habían cooperado con don Juan Sánchez Ramírez en el proceso de lucha contra los franceses durante la llamada Reconquista.