¿Qué responsabilidad tiene la literatura infantil en el desarrollo social de una nación? Hasta preguntarlo parece una utopía, pero no lo es, si se toma en cuenta el papel del lenguaje en el desarrollo de la personalidad y de las aptitudes del individuo para establecer las debidas relaciones con la colectividad.
El papel de la educación en los primeros años de vida del niño resulta determinante para toda la existencia del mismo. La formación de dominicanos: correctos, pensantes, educados y sociables deberá conllevar acciones realizadas a partir de los primeros años de vida de esos nuevos ciudadanos.
El desarrollo social depende sobre todo de la calidad del trabajo humano. La calidad del trabajo es proporcional a la conquista del conocimiento por parte de los individuos.
La conquista del conocimiento guarda relación directa con el desarrollo de las competencias de cada sujeto, mayormente de las competencias comunicativas.
Pero algo más. La lectura es la vía más idónea para el desarrollo de esta última facultad. Para iniciar a un individuo desde la niñez en esta práctica, se produce la literatura infantil.
De ahí que no me parezca nada utópico asociar la literatura infantil con las posibilidades de cambios de una sociedad.
Y mucho menos se considerará utopía si se pondera juiciosamente la función de la literatura en el desarrollo de las competencias lingüísticas de los pequeños.
Niño que no lee o que no le leen, no logrará el desarrollo pleno de sus facultades intelectivas dado que las competencias lingüísticas constituyen el eje central para desarrollar las demás competencias. .
La persona se posee a sí misma en la medida en que posee su lengua, ha dicho el lingüista Pedro Salinas, y me permito agregar que quien no maneja adecuadamente su lengua no puede poseer el mundo exterior.
Un recurso importante para el niño poseer ese mundo es la imaginación y nada más indicado que la literatura para estimular la capacidad de invención del niño.
Novelas, cuentos, poesías, fábulas, adivinanzas y otras creaciones literarias destinadas a los niños, tienen como objetivo divertir, no oprimirlo con recursos pedagógicos tiránicos.
Es necesario que padres y maestros ofrezcan a los niños la oportunidad de jugar con las creaciones literarias, divertirse con ellas. Y percatarnos todos de la importancia de la fantasía para los pequeños.
Hace falta en nuestro país la promoción del acto leer, para niños, jóvenes y adultos. Y ello deberá conllevar que los maestros lo asuman como un asunto de ética.
De la capacidad lectora depende la adquisición de los demás conocimientos, y de la educación depende el cambio en los individuos y en la sociedad.

