Opinión

La mano de póquer del viernes

La mano de póquer del viernes

Sin una combinación de cartas que le asegurara ganar la partida, Leonel Fernández se arriesgó a apostar su repostulación en el 2012, cuya factibilidad legal perseguía a través del proyecto de reforma constitucional que discuten los asambleístas. Miguel Vargas, por su parte, no tenía una buena mano para evitarlo, lo que lo había llevado a tantear a algunos legisladores reformistas, tres de los cuales le habían expresado su respaldo incondicional.  

 El mandatario entonces llamó a los más altos dirigentes de la organización colorada, a quienes les propuso un acuerdo basado en posiciones administrativas. Sin embargo, la macrocefalia de los reformistas, generalísimos todos de un partido en miniatura, malogró el consenso, obligando al gobernante a revisar sus cartas.

Ocho congresistas del PLD amenazaban con saltar la tablita, y otros tantos, leales a Danilo Medina, anticipaban que llegado el momento, honrarían la memoria de Juan Bosch, quien a lo largo de su existencia se proclamó antireeleccionista. Era claro, pues, que el Presidente no tenía jugada para pasar por el tamiz de la Asamblea Revisora la modificación del artículo 49 de nuestra Ley Sustantiva.

Optó entonces por buscar un atajo que le permitiera abreviar honrosamente el camino de su derrota, y Miguelito cayó en la trampa. Cegado por el espejismo emocional que suponía figurar como contraparte contractual del jefe de Estado, se precipitó a ser una carta de este último, quien durante los 6 últimos años se ha abrogado el derecho de jugar sus propias partidas y las ajenas.

Un líder político como Miguelito no puede gastarse el lujo de derrochar equivocaciones, y el pasado viernes cometió una muy costosa. Para nadie es secreto que los perredeístas buscan afanosamente al candidato que no podían encontrar en Hipólito Mejía, cuya imposibilidad legal para volver a optar por la más alta posición ejecutiva de la nación, lo había convertido en una escalera sin travesaños.

Como a través del ex gobernante no podían subir al poder, Miguelito estaba comiendo con su dama. Resulta, sin embargo, que al derribarse el impedimento constitucional que pesaba, y que pesaba mucho, sobre las simpatías de los perredeístas, es previsible que la correlación de fuerzas sufra cambios en lo adelante. La percepción de que Hipólito ha sido legalmente rehabilitado, unida a su dominante figura, cada vez menos asociada a la crisis económica del 2003, de seguro que avivarán su empeño de recomponer sus fuerzas.  

Sigo creyendo que hubiese sido políticamente más rentable derrotar con votos la fórmula continuista de Fernández, y no es verdad, aunque Miguelito esté convencido de lo contrario, que hizo póquer en la partida del viernes pasado. Atraído por un rápido y cómodo retorno a la boleta presidencial del PRD, se dejó ganar por la impaciencia, abriéndole paso a un contendor sumamente peligroso: Hipólito Mejía.

El Nacional

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