Los artistas son los seres más proclives a la aceptación del reto inconmensurable que pone a prueba límites y condiciones. Nadie hay como un artista cuando se trata de encontrar esa consistencia única que permite decir Si cuando se plantea un proyecto que habrá de demandar mucho más que un esfuerzo ordinario. Por eso son artistas.
Tres jóvenes actores, Yorlla Lina Castillo, Nileny Dippton y Wilson Ureña sabían a perfección que meterse a montar una pieza que fue estrenada para el público dominicano en la jamás olvidada sala de Nuevo Teatro (a cargo de María Castillo, Delta Soto y Féliox Fermín), era un atrevimiento.
Y se hacían contestes los tres de que el texto trepidante, fantástico, paralelo y enloquecido del dramaturgo cubano José Triana, iba a demandar más que los tres clásicos y acostumbrados para los ensayos ordinarios a que se acostumbra acometer. Era para ellos una exigencia superior. Y de las manos de un director quisquilloso, y exigente hasta ser molestia y dolor, era una tarea extenuante sin haber pasado la primera línea.
Los tres jóvenes actores se declararon en rebeldía con la rutina de lo ordinario y decidieron penetrar al discurso intrincado paralelo y sin aparente sentido, de tres hermanos marcados por la fantasía de matar a unos padres que no se los merecían como hijos, todos con tonalidades y marcas psíquicas distintas.
Lo que logran en escena, renovado el montaje por nuevas formas plásticas reforzadas estéticamente por una escenografía de fuerza que se transforma en el personaje cómplice y silencioso del curso de los parlamentos y una música original que se diferencia de todo lo escuchado hasta ahora. Castillo, Dippton y Ureña crean un sello actoral que habrá de fijarse en la mente de sus espectadores. Se entregan con seriedad a sus personajes delirantes y logran transmitir las sensaciones de paralelismo y absurda relación en la cual el pasado y el presente se habrán de cruzar trágicamente, aun cuando los padres sean personajes sombra que jamás habrán de verse, pese a que resultarán asesinados de alguna manera. Se cuidan de la debilidad de la sobre-actuación, cuadro frecuente cuando se trata de lindar con realidad y fantasía, con lógica y sin-razón.
Resalta el vestuario adecuado al esquema cruzado de la dramarturgia, el maquillaje impresionista y en ocasiones casi cinematográfico. La Noche de los Asesinos es teatro verdadero, teatro valioso, teatro sostenido sobre la base del valor de hacer la diferencia.
Reconocer el equipo
Tras disfrutar de esta noche de buen teatro, queda el deber de reconocer a quienes, desde fuera y dentro de la escena, hicieron posible la producción:
Director: Orestes Amador; Yorlla Lina Castillo (Cuca); Nilen Dipton (Beba); Wilson Ureña (Lalo); dramaturgia: Miguel Hernández; Escenografía y diseño de luces: Arquitecto. Cristian Martínez; musicalización: Vadir González; Regiduría y utilería: Nancy Vizcaíno; Dirección Vocal: Nieve Severino; Fotografía: Luciano Ippolito; Vestuario : Belkokla y Bautista Sierra; Maquillaje: Pepe Polanco; Peluquería: Joseph Navarro. Auspiciadores: Secretaría de Cultura, Grupo León Jimenes, Il Capuchino, Carabela, Variedad TV y Print City.

