Siempre he insistido en que la política debe manejarse en tanto ciencia, por lo que es imprescindible que los partidos políticos, como expresión de la sociedad , se ocupen efectivamente, en que sus miembros se preparen como políticos profesionales, capaces de conducir con éxito las complejidades del Estado.
Hace ya más de 20 siglos, Aristóteles advirtió que la actividad política requería de personas cultas, capaces de conocer a cabalidad su entorno social, para propiciar la felicidad a los ciudadanos.
Hoy, dos mil años después de su enjundioso tratado de »Política», debemos admitir que este genio universal tuvo razón, cuando estableció que solo la vida social le permite al hombre desarrollar la virtud y la felicidad.
El mejor ejemplo para muchos políticos dominicanos fue el diálogo cargado de ironía, que sostuvo Sócrates con un joven llamado Glaucón, que quería incursionar con éxito en la política. »¿Cuál es el primer servicio que tú, Glaucón, piensas hacer? Hizo silencio Glaucón.
¿Piensas enriquecerla?, perguntó Sócrates refieriéndose a la ciudad. Entonces, ¿de dónde salen los ingresos del Estado y a cuánto ascienden? Por Júpiter, replicó Glaucón, nunca me enterado de eso. Dime, entonces, cuál es el gasto de la ciudad, insistió el maestro. Tampoco lo sé, dijo el ignorante. ¿Cuáles son las fuerzas de mar y tierra de que disponemos y cuáles son nuestros enemigos? No puedo contestarle, dijo el frustrado joven. » Puesto que tan difícil es en ocuparse en arreglar los asuntos de tantas familias al mismo tiempo, ¿por qué no emprendes la mejora de una, la de tu tío, que de sobra lo necesita?
Ahí están las enseñanzas: el primer deber de un buen político es servir al Estado, no servirse del Estado y para esto tiene que conocer, mediante estudios rigurosos, los tinglados de ese aparato. Lamentablemente, la motivación que tienen nuestros jóvenes, es que mediante la política pueden cambiar su nivel de vida y hacerse millonarios de la noche a la mañana con el mínimo esfuerzo.
Es innegable que los partidos políticos han sido asaltados por muchos individuos que buscan afanosamente acumular fortunas. Urge pues, una nueva clase política de profesionales, capaces de gobernar con los conocimientos que demandan las complejidades del poder.
La conducta política de tantos enganchados, pone en juego el rol de los partidos, como instituciones responsables de dar a la sociedad dominicana actores políticos, que, si bien no tengan vocación patriótica, por lo menos, conozcan el arte de gobernar.
Quizás sería recomendable volver la vista al maestro Toynbee y revisar su teoría del desafío, y vencer todo ese marco obsoleto que mantiene nuestra clase política en un limbo vergonzoso.
Don dinero está remplazando los verdaderos liderazgos locales. Cada día más individuos sin ninguna reputación abrazan la carrera política solo para comprar impunidad. La advertencia está hecha, hay que pasar de la retórica a los hechos, con las escuelas de formación política, que una vez fueron modelos y fuente de inspiración en la preparación de nuestros jóvenes, pero que hoy, lamentablemente, no funcionan en ninguno de los partidos políticos tradicionales.
Quizás sirva a nuestros políticos, revisar la ironía socrática, aplicada al joven Glaucón, quien soñaba con ser un gran político, pero no pudo responder preguntas elementales acerca del Estado. A quien le sirva el sombrero

