La Puerta del Conde



La Puerta del Conde, testigo de tantos e importantes acontecimientos históricos, tiene este nombre en honor y reconocimiento al Conde de Peñalva (Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata), quien luchó contra los ingleses que trataron de apoderarse de este territorio para incorporarlo a la Commonwealth de Inglaterra, Escocia e Irlanda.

El libro de Bernardo Vega, “La derrota de Penn y Venables en Santo Domingo, 1655”, recopila una valiosa información histórica para narrar este extraordinario acontecimiento. De no haber sido por el arrojo y valentía de un grupo de criollos y españoles, los que habitamos en esta isla estuviéramos hablando inglés.

La historia que nos cuentan en la escuela y con la que deleitamos a los turistas, es que la derrota de un ejército de alrededor de 9 mil soldados por un grupo de no más de 850 españoles y criollos mal armados, se debió, al ruido provocado por un montón de cangrejos, que se deslizaban de noche en los alrededores del rio Haina y que los invasores confundieron con el desplazamiento de un gran ejército.

Cuenta la leyenda que, en agradecimiento, los residentes reunieron fondos para recrear la imagen de un cangrejo en oro, que se guardaba en la catedral, para sacar en procesión todos los años. Igualmente se dice, que fueron los franceses quienes luego se apoderaron de esta pieza y la extrañaron de nuestro territorio.

La puerta del Conde, por muchos años era el baluarte nacional, allí fue proclamada nuestra independencia, y donde se izó por primera vez nuestra bandera. Los restos de nuestros padres de la patria estuvieron depositados bajo su arco, hasta que Balaguer construyó el Altar de la Patria. Durante la revolución del 65, Caamaño arengó desde allí a los constitucionalistas.

La calle el Conde transformada luego en calle peatonal, fue por muchos años la principal arteria comercial de la ciudad. Recuerdo cuando mi papá conduciendo su Volkswagen llevaba la familia a “la vuelta del pendejo” que terminaba en el Conde para ver las vitrinas de las tiendas, en particular la de juguetes “la Margarita”.

El baluarte nacional: parque Independencia, altar de la patria y puerta del Conde debe ser visitado y reverenciado por todos los dominicanos y no solamente por las trabajadoras sexuales y los infamados políticos. ¡Ah y por culpa de los cangrejos no hablamos inglés!