La sala a Trujillo



Trujillo no se puede borrar de la historia. Esa es la sentencia en que se ha apoyado el Ministerio de Cultura para habilitar en el Museo de Historia y Geografía una sala con las pertenencias que se han recuperado del infame dictador.

Es verdad que un personaje tan siniestro como Rafael Leónidas Trujillo Molina es parte de la historia. (Como Ulises Hereaux, Buenaventura Báez y Pedro Santana). Sus 30 años con el poder absoluto no se pueden borrar. Pero de ahí a una apología a su buen gusto, como sería la exhibición de sus trajes de vestir, botas, polainas y las alegorías que adornaron su vida hay una diferencia sideral.

Si las autoridades entienden que con el minimuseo oficial se da vida a la historia, la obra debería ser completa. Alguien ha planteado antes que en la misma sala en que se exhiban los bienes del dictador deberían colocarse fotografías en vida y de los cadáveres, entre otros, de las hermanas Mirabal, Virgilio Martínez Reyna y esposa (embarazada cuando la asesinaron a palos y cuchilladas), Mauricio Báez, Aldo D´Alessandro, Jesús de Galíndez y Cipriano Bencosme; de los mártires del 14 de junio de 1959 y también imágenes de cárceles como La 40, medios de torturas como silla eléctrica, garrotes, dagas y demás que se utilizaban para matar o golpear a los presos políticos.

En esa galería no pueden faltar, porque sería mutilar la historia, los métodos que empleó Trujillo para convertir la nación en una finca personal y cómo disponía del patrimonio público y del terror para perseguir a sus enemigos y fomentar la sumisión. Sería inconcebible que en su proyecto el Ministerio de Cultura solo contemple exhibir elementos que puedan engalanar la figura del férreo dictador.

La verdad es que el Estado no debería abocarse a ningún proyecto que pueda resucitar una figura tan oprobiosa. Ni siquiera como parte de alguna estrategia para distraer la atención pública.

Y menos todavía cuando se sabe muy bien que por la incapacidad de la clase política para construir un verdadero sistema democrático las peores lacras del trujillismo no solo adquieren vigencia, sino que están presentes en la sociedad.

Por más que sea parte de la historia, el Ministerio de Cultura debería dejar que el fantasma de Trujillo se calcine en el infierno o se pudra en las catacumbas. Nada se gana con ver los muchos zapatos, la colección de trajes y la cama donde dormía un dictador que frenó el desarrollo de la nación dominicana.

Lo que hizo fue aprovecharlo todo en su beneficio.

Hasta la construcción de la ciudad después del ciclón de San Zenón. Los estudios saben que capitalizó todos los recursos aportados por la solidaridad internacional, pero con la habilidad de poner a cada obra un sello personal.