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La solidaridad alivia las penas de los neoyorquinos

La solidaridad alivia las penas de los neoyorquinos

NUEVA YORK, 2 Nov 2012 (AFP) – Impactados por el huracán Sandy, con sus hogares a oscuras, fríos y a menudo sin agua corriente o mojados, muchos de los neoyorquinos más golpeados se apoyan en la generosidad de amigos, parientes e incluso desconocidos.

En una ciudad presentada a menudo como dura y egoísta, sus habitantes se han volcado, solidarios, a ofrecer a los damnificados alojamiento, comida o energía eléctrica para cargar computadoras y celulares.

Jordan Elpern-Waxman quedó sin electricidad y calefacción en su apartamento de Lower East Side cuando golpeó la tormenta y pidió ayuda a Gina Shedid, una amiga que vive en Bushwick, Brooklyn (sureste de Nueva York), una zona que no fue afectada.

«No hay electricidad, ni calefacción, ni agua caliente. Decidí que me iría inmeditamente porque preciso trabajar», indicó.

«Todo el mundo en Manhattan está alojando a gente, es como si el norte de Manhattan se hubiese transformado en campo de refugiados para los del sur de Manhattan. Le pedí a Gina y me contestó ‘tenemos un dormitorio de más'», explicó.

Angie Dykshorn, una fotógrafa de 36 años, quedó sin electricidad en su apartamento del East Village y ha estado cargando su teléfono en un stand improvisado e ingenioso: hay que pedalear en una bicicleta doble para generar la electricidad en una batería.

«Hay algunos lugares que sirven comida gratis: Charcoal BBQ en la avenida C y un lugar de pasta en la calle 10, que ofrece tallarines fritos», afirmó.

Otros negocios de la ciudad también han estado contribuyendo.

Bancos, almacenes e incluso camiones de comida han ofrecido energía eléctrica a quienes la necesitan. Algunos gimnasios ofrecen la utilización gratuita de sus duchas, con agua caliente.

Un grupo de mensajeros en bicicleta se organizaron para hacer entregas gratis a los necesitados.

En internet, decenas de personas colgaron mensajes en Craiglist ofreciendo ayuda como sea.

«Montando un puesto de suministros/comida/agua en Upper West Side para llevar al Lower East Side», escribió Monica O’Malley en una red que se autodenomina «Occupy Sandy», inspirándose en el movimiento de protesta Occupy Wall Street.

Cecilia Pineda, de 22 años, se anotó en varios sitios web ofreciendo su tiempo. Participó en tareas de limpieza en Brooklyn y ha estado organizando suministros de comida para los afectados por la tormenta.

«Me sentí muy afortunada por dónde me encontraba y que nada me ocurriera. Quedé sin electricidad, pero cuando me di cuenta de lo que le pasó a otros, quería ayudar», dijo.

En el edificio de Melissa Maldonado-Salcedo en el Lower East Side, muchos residentes son muy ancianos o están muy débiles para marcharse.

«Algunas personas han cocinado todo lo que tenían en sus refrigeradores para que no se echase a perder, y han estado compartiendo comida puerta a puerta», señaló.

 «Vivo en un sector de jóvenes con recursos incrustado en un barrio de viviendas sociales, pero todos nos hemos unido», agregó.

Maldonado-Salcedo ha ayudado a sus vecinos subiéndoles agua escaleras arriba, desde los grifos callejeros de los bomberos.

Más allá de las necesidades más inmediatas -agua, comida, alojamiento- otros neoyorquinos están ayudando a las pequeñas compañías a sobrevivir mientras sus oficinas estén inutilizables.

Charle O’Donnell, 33, que dirige un fondo de inversiones, ha ayudado a organizar oportunidades de «cotrabajo», conectando a quienes no tienen acceso a sus oficinas con otros dispuestas a ofrecerles un lugar de trabajo temporario.

«Inmediatamente después de la tormenta comencé a tomar contacto con compañías en las que había invertido. Gente empezó a llamarme buscando lugares donde pudieran trabajar», dijo a la AFP.

En Twitter, con el hashtag #sandycoworking, ha ayudado a decenas de compañías que precisan lugares para trabajar, con espacios de oficina libres.

Para algunos, el espíritu de solidaridad desatado por Sandy recuerda lo ocurrido después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

 «Es parecido al post 9/11», dijo Dykshorn. «Es difícil obtener información sin energía, entonces nos apoyamos mutuamente para informarnos y ayudar a la gente».

El Nacional

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