En varios artículos recientes hemos proclamado la necesidad de formar un frente de unidad, sin pretensiones electorales, con el fin de hacer frente a los múltiples males que sufre hoy la sociedad dominicana, pero además para lograr que los partidos políticos se unifiquen en un programa único que los obligue a cumplirlo una vez alcanzado el triunfo en las próximas elecciones.
Han sido muchas las llamadas y correos recibidos de ciudadanos que coinciden con nosotros. La más fuerte voz, que es la de la Iglesia Católica, ofrece una orientación al pueblo dominicano para unirse en la solución de los problemas.
La Conferencia del Episcopado Dominicano, denuncia, entre esos males, la corrupción, el narcotráfico, los crímenes por encargo, la pobreza, el deficiente sistema educativo, las agresiones al medio ambiente y otros problemas.
La posición de la iglesia no es nueva. Los obispos han hecho denuncias similares. Sin embargo, la reciente es una de las más contundentes, solo comparable, en cuanto a su categoría documental, a la famosa Pastoral del 25 de enero de 1960, que denunció la represión contra una generación que se organizó para salir de la oprobiosa tiranía encabezada por Trujillo.
Esa Pastoral, la represión contra el Movimiento Popular Dominicano, el atentado contra el entonces presidente venezolano Rómulo Betancourt y el asesinado de las Mirabal, fueron el detonante para que un grupo de patriotas dominicanos encabezara la Gesta del 30 de Mayo de 1961, que culminó con el ajusticiamiento del más cruel déspota de nuestra Historia.
En el período democrático que se inició hace 50 años, han sido muchas las orientadoras Pastorales de nuestros obispos que denuncian los males que nos aquejan. Sin embargo, los diferentes gobiernos que hemos tenido poco han hecho para resolver esos acuciantes problemas, que por falta de iniciativas contundentes, han crecido como una avalancha, sin que el pueblo sepa a qué atenerse.x

