MADRID, 8 Ago 2012 (AFP) – Las participaciones preferentes son el «escándalo del siglo en España», advierte Inocencio Merino, un obrero metalúrgico jubilado que como miles de ciudadanos fue víctima de una «estafa» cuando compró estos productos financieros de alto riesgo, que el gobierno quiere ahora reformar.
Desde el anuncio del rescate público de Bankia en abril, que precipitó una ayuda europea al sector bancario español de un máximo de 100.000 millones de euros, las querellas de los pequeños ahorradores se acumulan, arruinados por los «productos tóxicos».
Entre estos activos de nombre rimbombante, que se vendían a toda prisa cuando empezó la crisis, las «participaciones preferentes», un producto complejo y de mucho riesgo, se llevan la palma.
Según la asociación de usuarios de bancos Adicae, que ya presentó más de 30.000 denuncias, 710.000 familias están afectadas por las preferentes, de un total de un millón de hogares que compraron productos de riesgo.
«En total son 30.000 millones de euros de emisiones de estos productos tóxicos desde 1999, de los cuales una mayoría, 26.000, son preferentes», explica Javier Contreras, un responsable de la Adicae.
Para los bancos, vender estos productos era una manera de tener un balance de fondos propios «reforzado». Pero el consumidor se encontró con sus ahorros totalmente inmovilizados en un producto de por vida que le convierte un accionista pero sin derecho a voto.
Y además tampoco «se hicieron los test de conformidad Mifid», la encuesta que los bancos deben hacer a sus clientes para asegurarse de que los clientes son conscientes del riesgo de un producto financiero, denuncia Adicae.
Bankia, producto de la fusión de varias ex cajas de ahorros, concentra junto con la CAM y Novagalicia la gran mayoría de causas en su contra por las participaciones preferentes.
«Inversión segura»
Inocencio, un ex obrero metalúrgico de 68 años, puso sus ahorros de 12.000 euros en participaciones preferentes de CajaMadrid (luego Bankia) en septiembre de 2010, confiando en su banco de «toda la vida».
«Mi banco me dijo que era una inversión segura, con una rentabilidad muy buena de 7% y que podía recuperar mi dinero en 2014», relata Inocencio.
«Ni siquiera sabía que tenía preferentes. Me hablaron de activos financieros», recuerda, totalmente desanimado.
«Mis padres no tienen bagaje escolar. Mi madre quería un producto muy conservador. Le dijeron ‘volveréis a recuperar vuestro dinero en 2014’. Pero se lo dijeron verbalmente», lamenta su hija Magdalena, de 43 años, sin empleo.
«En ningún momento llamaron para decir ‘mira que pasa algo'» ni para prevenirles que el pago de intereses se interrumpía y que no podían recuperar su dinero debido a los problemas de Bankia.
Como en los demás casos, «la forma de comercialización ha sido irregular por falta de información, abuso de confianza», condena Javier Contreras, de Adicae.
«Esta falta de información o de camuflaje, como si fuese otro producto más seguro, se hace más flagrante en el gran número de ahorradores de edad muy avanzada (80-90 años). Tanto fue así, que la propia CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores, que vela por la protección de los inversores) tuvo que salir al paso en abril de 2009 publicando un folleto», destacó Adicae.
«Seguramente habrá productos de características similares en otros países europeos, pero entendemos que el problema surge, no en el producto en sí mismo, sino en la colocación masiva de este a personas no cualificadas, incumpliendo la normativa española del mercado de valores por las irregularidades en la comercialización de estos productos», afirma la asociación española de accionistas minoritarios de empresas cotizadas (AEMEC).
AEMEC también denuncia la «falta de supervisión por parte del Banco de España».
Algunos ahorradores obtuvieron el reembolso total ante la justicia y a otros los bancos les propusieron productos de intercambio pero con fuertes descuentos, algo que denuncian las asociaciones.
Ante este escándalo y bajo la presión de la Unión Europea, el ministro de Economía, Luis de Guindos, anunció para finales de agosto «una nueva regulación de la comercialización de productos complejos, como las participaciones preferentes».
Pero Inocencio, como otros miles de pequeños ahorradores, temen lo peor: «Mi mujer piensa que lo hemos perdido todo».

