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Laurence Debray: “Los reyes casi nunca escriben sus memorias”

Laurence Debray: “Los reyes casi nunca escriben sus memorias”

Cuando un monarca decide contar su propia historia, el resultado rara vez pasa desapercibido. Eso es lo que ha ocurrido con “Reconciliación”, las memorias de Juan Carlos I, un libro que no solo propone una mirada personal sobre el papel del exjefe de Estado en la historia reciente de España, sino que también ha situado en el centro de la conversación pública a su autora, la historiadora francesa Laurence Debray.

Hija del filósofo Régis Debray, figura clave del pensamiento de la izquierda francesa, y de la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, Debray creció en un ambiente donde las ideas, la política y el debate intelectual formaban parte de la vida cotidiana.

Esa formación, entre bibliotecas, discusiones ideológicas y experiencias poco convencionales, parece haber sido el terreno perfecto para una autora que hoy se adentra en las zonas más complejas del poder y de la historia.

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En conversación con El Nacional, la historiadora y escritora reflexionó sobre el proceso de escritura de “Reconciliación” y sobre el desafío de adentrarse en la vida pública y privada de uno de los protagonistas centrales de la historia reciente de España.

Debray explicó que su aproximación al retrato del monarca estuvo marcada por la empatía y por una mirada histórica que intenta comprender el poder desde dentro.

Conversación

Durante la conversación, subrayó que el libro busca ofrecer un testimonio directo para las nuevas generaciones y revelar “al hombre detrás del rey”, a partir de una narración que, según afirma, se escribió con plena libertad y sin censura.

Usted creció entre el pensamiento político de su padre, Régis Debray, y la mirada antropológica de su madre, Elizabeth Burgos. ¿De qué manera ese entorno intelectual influyó en su forma de aproximarse a la escritura biográfica y al retrato histórico de figuras controvertidas?

Con empatía. A través de mis padres, que tuvieron a la vez cargos políticos importantes y el desarrollo de un pensamiento intelectual, tuve desde mi infancia acceso a los entresijos más íntimos del poder y a sus análisis. También la valentía de mis padres, que siempre han vivido y luchado de acuerdo con sus valores, sin hacer nunca ningún compromiso, me sirvió de ejemplo. Nunca dudé en acercarme, e incluso apoyar públicamente, a figuras criticadas en la prensa. No me impresiona. Si estoy convencida de estar del buen lado de la historia, sigo mi camino. No necesito el apoyo de nadie.

Su infancia incluyó experiencias poco convencionales, como vivir en un campamento en Cuba. ¿Qué huella dejó esa etapa en su manera de comprender la historia, el poder y los procesos revolucionarios que luego ha estudiado y narrado?

Mis padres me mandaron a los 10 años a un summer camp en California y luego a Cuba, a un campamento de pioneros, para que tuviera la experiencia del capitalismo y del comunismo. Me pidieron elegir entre los dos, y les dije que no me quedaba con ninguno: prefería Europa. Esta experiencia me sirvió para entender lo que estaba en juego. En mi casa, en la vida cotidiana, todo tenía un significado político. No se bebía Coca-Cola porque venía del imperio americano. O sea que todo en nuestra vida era una forma de compromiso.

En “Hija de revolucionarios” exploró la historia íntima de sus propios padres. ¿Fue más difícil escribir sobre su propia genealogía política o reconstruir la trayectoria de una figura histórica como el rey Juan Carlos I?

Necesitaba hacer una investigación sobre mis padres para entender de dónde venía. Fue un recorrido a la vez íntimo e histórico sobre la revolución en América Latina en los años sesenta, sobre el contexto político y social en el que crecí. Como era más personal, y con muchos secretos, fue más difícil que trabajar sobre el rey Juan Carlos.

Usted sostiene que estas memorias nacen del deseo de “reconciliación”. ¿Con qué momentos específicos de su vida pública y privada considera que el rey emérito intenta reconciliarse en este libro?

El título del libro es el resumen de su reinado. El rey reconcilió a todos los españoles, después de la guerra civil y de una larga dictadura, a través de la democracia. Luego se interpretó que el título se aplicaba a su vida privada o familiar, pero no era nuestra intención inicial.

Durante el proceso de escritura, ¿existieron episodios históricos que resultaron especialmente difíciles de abordar por su carga política o personal, y cómo se decidió finalmente incluirlos?

Desde el principio sabíamos que teníamos que abordar todos los temas, positivos y negativos, felices y dolorosos. El rey, que es ante todo un militar, se afrontó al reto. No mostró ninguna incomodidad.

¿Cuál fue la revelación o reflexión contenida en “Reconciliación” que más le sorprendió escuchar directamente de Juan Carlos I durante las conversaciones preparatorias?

Sus contactos con el líder comunista Santiago Carrillo a través de Rumanía, aún con Franco vivo, para conseguir un acuerdo con el PCE un par de años antes de que empezara la transición. Una operación de alto riesgo digna de una película de espionaje.

En términos humanos, ¿Qué faceta predominó en el relato que el exmonarca quiso construir: la del protagonista de la transición democrática, la del hombre que reconoce errores o la del jefe de Estado que aún defiende sus decisiones?

Todos estos aspectos, ya que la meta era poner en perspectiva su obra política y su personalidad más íntima.

¿Hasta qué punto estas memorias buscan influir en la manera en que la historia juzgará el papel de Juan Carlos I en la consolidación de la democracia española?

Es un libro escrito para los jóvenes y las próximas generaciones. Es un testimonio histórico único, ya que los reyes no suelen escribir sus memorias.

Algunos lectores se preguntan si el libro es una confesión total o una versión cuidadosamente medida de los acontecimientos. ¿Qué grado de libertad tuvo usted para cuestionar, contrastar o profundizar en los testimonios del propio rey?

No es un libro políticamente correcto; es un libro escrito a corazón abierto. No hubo ninguna censura. El rey escribió libremente su versión de los hechos más relevantes de su vida.

En el proceso editorial, ¿hubo temas que usted consideró imprescindibles para la comprensión histórica del personaje y que exigieron un tratamiento particularmente delicado?

No entiendo muy bien esta pregunta, pero no hubo nada de muy “delicado”.

Desde su perspectiva como autora y observadora del proceso, ¿cree que “Reconciliación” puede contribuir realmente a un acercamiento entre el rey emérito y la opinión pública española, o más bien reabrirá debates aún sensibles?

Como francesa no puedo emitir suposiciones sobre la opinión pública española. España tiene su propio contexto político que influye en la opinión pública.

Tras convivir con este relato personal y político durante la escritura del libro, ¿qué imagen final cree que el lector descubrirá: la del monarca histórico, la del hombre vulnerable o la de un personaje que aún lucha por definir su legado?

Creo que descubrirá al hombre detrás del Rey.