Lealtad e integridad



La dignidad, ese respeto que las personas de convicciones se deben en primer término a sí mismas, no puede ejercerse de manera selectiva u ocasional, sino de manera integral en cualquier escenario o circunstancia, por lo menos si el comportamiento obedece a un acto de probada verticalidad.

Por eso ha causado extrañeza en diferentes círculos y en especial políticos, el silencio de los ministros que salieron públicamente a oponerse a una eventual repostulación del presidente Danilo Medina, luego de que esa postura suscitara cuestionamientos, dentro y fuera del Gobierno y a través de las redes sociales.

Por sus trayectorias revolucionarias y vinculación con sectores de izquierda, que tuvieron grandes jornadas de lucha en pasados periodos de totalitarismo y arbitrariedades, la gente que conoce a Isidoro Santana y a Antonio Isa Conde pensó que después del tajante y enérgico pronunciamiento en contra de una reforma a la Constitución, presentarían de inmediato su renuncia o pondrían sus cargos a disposición del Ejecutivo.

Conociendo su pensamiento, ese hubiera sido el pedido o exigencia que ellos hubieran hecho desde fuera del gobierno frente a otros funcionarios que, en ejercicio de su libertad de expresión, incurrieran en la cómoda y poca lúcida posición de criticar al gobernante que los designó, pero permaneciendo en las posiciones de ocupan, donde gozan privilegiadas facilidades.

Pero como postula el pueblo con su sabiduría, una cosa es con guitarra y otra muy distinta con violin, y en la política y la administración pública, la realidad muestra y reconfirma que no es tan fácil renunciar a las ventajas que económica y por influencia de poder ofrecen los ministerios.

Nadie niega que cualquier persona, no importa la posición que desempeñe en el sector público y privado, tiene derecho a manifestar libremente sus opiniones, pero en rigor, si un jefe de Estado no debe buscar una repostulacion, por qué entonces seguir sirviéndole en lugar de renunciar y poner distancia, en un ejercicio de dignidad.

Esto es lo que han sugerido tanto el ministro administrativo, José Ramón Peralta y el de Obras Publicas, Gonzalo Castillo, quienes sin restar el derecho que tienen tanto Santana como Isa Conde para emitir sus opiniones, entienden que nadie debería formar parte de un gobierno que de hecho objeta para que continúe rigiendo los destinos nacionales.