La lechuga, cuyo nombre científico es Lactuca sativa, es una planta nutritiva, que además tiene propiedades medicinales.
Es también un alimento con altas dosis de calcio y fósforo que ayudan a tener huesos sanos y fuertes. Tambien tiene oligoelementos no muy habituales en los vegetales, como el selenio, antioxidante natural que ayuda a evitar el envejecimiento prematuro y previene el cáncer de colon, próstata y pulmones.
Las hojas de lechuga tienen efecto sedantes. Hervidas ayudan a calmar los nervios, usada en baños tibios. También las hojas de lechuga con aceite de oliva, pueden aplicarse sobre la frente para combatir el insomnio.
Estas deliciosas hojas tienen propiedades diuréticas, ya que estimulan la eliminación de líquidos del organismo, por lo cual es recomendable en el tratamiento de enfermedades como cistitis, nefritis e infecciones urinarias. Consumir lechuga regularmente ayuda a impedir la formación de cálculos renales.
Otra propiedad de esta planta, presente comúnmente en ensaladas y dietas, es que ayuda a eliminar gases acumulados en el tubo digestivo, por lo que puede utilizarse en caso de tener meteorismo o flatulencia.
La lechuga ayuda a mejorar la circulación sanguínea. Su consumo de manera regular puede ayudar a prevenir el riesgo de sufrir arteriosclerosis y a reducir los niveles de colesterol en la sangre.
Pero además, la hoja de lechuga tiene propiedades expectorantes, por lo cual resulta indicada para tratar enfermedades del aparato respiratorio y para calmar la tos.
Las hojas de esta planta tienen propiedades de emenagogo, resultando muy útiles para las mujeres que presentan menstruaciones dolorosas.
Sus propiedades analgésicas, permiten usarla de forma externa para aliviar el dolor causado por golpes o torceduras. Hervida por 10 minutos se aplica en forma de cataplasma con aceite de oliva. Desinflama en corto tiempo la hinchazón y quita el enrojecimiento de la piel.
También sirve para limpiar y cuidar el cutis haciendo una mascarilla para tratar el acné.

