¿Qué decir cuando, ante un espectáculo extraordinario, nada se debería decir?
Lo que ofreció anoche, en Teatro Nacional Eduardo Brito, Les Ballet Monte Carlo, no fue una interpretación moderna inspirada en El Lago de los Cisnes, ni una versión que moderniza nada.
No fue aquello ni siquiera el eco visual de una experiencia escénica de nivel mundial, digna entrega de una trayectoria de iniciada en 1909 por el coreógrafo ruso Serge de Diaghilev y retomada bajo su nombre actual en 1985 por Jean-Christophe Maillot, y que hoy día constituye uno de los exponentes más formidables del arte de la poesía en corporal movimiento.
Lo que ocurrió anoche, y que se repite hoy, no tiene que ver con la excelencia del arte danzarío de primer nivel. Los giros del cuerpo, el equilibrio vibrante, los cuerpos arqueados, el deslumbrante vestuario que revoluciona la mirada tradicional del atuendo tradicional, la escenografía caracterizada por su impactante y simbólica sencillez, el universo de su iluminación y la conocida fuerza de la música original de Pieter Ilitch Tchaikovski.
Lo montado anoche no fue una función de ballet clásico por parte de una de los cinco más importantes del mundo. Esa sería la interpretación de camino fácil.
Se trato de voluntad humana de superación artística y de inclusión. Eso fue expresión de arte y justicia integral para vincular lo estético con un sentido pleno de experiencias dominicanas de integración social respecto de seres singularmente especiales, los públicos blanco de Quiéreme como soy y Nido de Ángeles.
UN APUNTE
Hoy y mañana
LAC, (versión inspirada en El Lago de los Cines) se repite hoy viernes y mañana sábado, en el Teatro Nacional a beneficio de Quiéreme como soy y Nido de Ángeles, aporte del Principado de Mónaco, con la calidad de la compañía de Les Ballet de Monte Carlo. Quedan algunas boletas. La función inicial se vendió toda.

